El fin de año de Milei: del subibaja de 2025 a un 2026 en modo campaña
30 de diciembre de 2025 - 09.15
30 de diciembre de 2025 - 09.15
El clima interno en el Gobierno es tan sensible, se acostumbró tanto a los picos, al subibaja, reniega tanto de una paz medianamente perdurable, que en el último suspiro de 2025 vivió una secuencia absolutamente extraordinaria: celebró como una victoria histórica la sanción en el Senado del mismo Presupuesto que, una semana antes, masticó como una derrota en la Cámara de Diputados, por haber perdido en el camino el ya célebre capítulo Xl.
Este recorte de apenas un puñado de días es una síntesis acabada del segundo año de la presidencia de Javier Milei, que pasó de un primer semestre apabullante -triunfo en la CABA incluido- a pedir la escupidera en Washington cuando el aire olía a cala, post catástrofe electoral en las desdobladas bonaerenses; que logró un resultado electoral inesperado a nivel nacional hasta para los libertarios más optimistas, en un contexto recesivo, de cierre de empresas y despidos en todo el país; y que convirtió a un ejército militante al mando un león que venía a devorarse crudos a la casta, las ratas del Congreso y los degenerados fiscales de las provincias a canjear votos por miles de millones girados directamente a los gobernadores para comprar lealtades. O, al menos, alquilarlas. Un clásico.
Los indicadores en formato electrocardiograma no se reducen al humor de la Casa Rosada, sino que se extienden a la imagen del Gobierno y del presidente. Solo el resultado de las elecciones del 26 de octubre revirtió la caída de la positiva y el crecimiento de la negativa que mostraban todos los sondeos.
El último trabajo de la consultora Zuban-Córdoba es el que lo muestra con mayor contundencia. La aprobación del Gobierno subió diez puntos entre octubre y diciembre -pasó de un piso de 37% a más de 48%- y la negativa se desplomó -hizo pico en casi 63% y cierra el año en 51%-.

La misma reversión de tendencias detectó Management & Fit en los últimos dos meses del año sin que en ese plazo las condiciones económicas y sociales hayan mejorado, sino más bien lo contrario. Lo cual evidencia dos cosas. Una es el apoyo que las urnas le devolvieron a Milei y su gabinete viene cargado de expectativas. Otra es que ese margen de aprobación, por encima de su núcleo duro, tiene la solidez de la gelatina.
Esas expectativas no tienen que ver con ninguna otra cosa que no sea la economía. El mismo trabajo de M&F muestra que, cuando se consulta sobre los principales problemas, las personas encuestadas responden en un 65% cuestiones de su situación económica.
Según este sondeo, un 22,6% dice que su problema más grande es llegar a fin de mes; un 18% responde que son sus bajos ingresos. Y casi una de cada diez personas señala la alarma creciente que vienen advirtiendo encuestadoras, consultoras, bancos y empresas: el endeudamiento personal.

Este escenario se complementa con otro del mismo trabajo. Un 83% reconoce que tuvo que modificar sus hábitos de consumo para poder amoldarse a la relación de ingresos y gastos que les propuso el esquema económico del Gobierno, con salarios pisados corriendo cada vez de más lejos a la inflación y con un incremento desmesurado de los servicios públicos: mientras que la inflación acumulada contra diciembre de 2023 fue a fines de 2025 de 185%, la canasta de servicios -luz, gas, agua y transporte- en el AMBA creció un 561%. El triple.
A la interna del Gobierno la aplacó más el pánico que generó la derrota del 7 de septiembre que la paz que trajo la victoria del 26 de octubre. A ese subibaja -otro- electoral le sobrevino un acuerdo no explícito en el que Karina Milei y su guardia pretoriana, los Menem -Martín y "Lule"- volvían a quedarse con todos los fierros políticos que ofrece la marca de La Libertad Avanza (LLA) sin meterse en las áreas sensibles que, cada vez con mayor preeminencia, controla Santiago Caputo. El ejemplo más contundente de esto fue toda la crisis que terminó con Sergio Neiffert fuera de la SIDE. El enfant terrible de Milei logró torcer esa máxima política que ordena que el saca no pone. Caputo sacó y después puso.
Pero la de Karina y Santiago es una interna que no muere, sino que muta. A lo sumo, sube o baja de intensidad. Los 40 puntos que el sello libertario sacó en las elecciones nacionales también tiene evaluaciones contrapuestas que, si la taba se le da vuelta al Gobierno, puede convertirse en un nuevo foco de conflicto. En cada una de las dos terminales políticas que cierran con el Presidente, el triángulo de hierro considera que su estrategia electoral era la correcta para afrontar los comicios de medio término. Y son estrategias contrapuestas.
El karinismo -si tal cosa existe- se baña en resultados. Ganaron Córdoba y Santa Fe con candidatos ignotos, apostando al peso de la marca -como siempre quiso la hermana presidencial- y lograron revertir el resultado en la provincia de Buenos Aires sellando un pacto con el PRO que negociaron sus delegados. En el caputismo -si tal cosa existe- creen que el sentido de la victoria estuvo en otro lado. "Si no aparecía [el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Scott] Bessent no sé dónde terminábamos", advierten.
El salvataje que habilitó Donald Trump llegó después de una durísima derrota en PBA, a cuenta del armador Sebastián Pareja, a quien Karina Milei le cedió todas las decisiones. Para el monotributista más poderoso de la Argentina, si no aparecía el salvavidas del norte el plan de Karina y los Menem se encaminaba a un fracaso de magnitudes bíblicas. En el neomenemismo -si tal cosa existe- desconocen esa lectura y miran los datos que dejaron las urnas. Igualmente, dicen que con Caputo todo bien. "No tenemos espejo retrovisor. Miramos para adelante", dicen.
Pero el año que inicia no asoma para nada sencillo para Milei y su gobierno. Más bien lo contrario. A la montaña de vencimientos de deuda que deberá enfrentar se le suma una variable crucial. En el Gobierno ya empiezan a hacer circular entre los miembros del gabinete: 2026 no será un año luminoso. No habrá rebote, ni reversión en V de ninguna de las variables sociales más delicadas que hoy reflejan los datos oficiales -salarios y empleo, principalmente- y hay que prepararse para otro año en la trinchera.
Este escenario, a su vez, enciende otras alarmas. La principal es la sombra del tercer año de gestión de Macri: después de la ola amarilla en las elecciones de 2017 se inició un proceso de derrumbe estrepitoso, político y económico que terminó con el endeudamiento más grande de un país con el FMI y con la reunificación peronista que concluyó con el nacimiento del Frente de Todos y con el primer presidente en funciones que busca la reelección y la pierde en primera vuelta. Ese archivo late en la Casa Rosada.
Por eso, desde las oficinas de la Secretaría General de la Presidencia se ordenó mantener hiperactivos los armados de equipos de campaña que se gestaron en todas las provincias este año. Organizar actos, encuentros, mantener a la tropa ocupada y activa. Relato sobre dato. Circo sobre pan. Estirar, como chicle, el voto de confianza que el país le dio a Milei el 26 de octubre. 2026, para LLA, podría convertirse en un año inédito: un año de actividad proselitista sin elecciones.