Javier Milei junto a Patricia Bullrich en la Quinta de Olivos. — X @PatoBullrich

El video, de 45 segundos, la muestra feliz, exitosa, coqueta. La musicalización con Vogue le da el toque chic. Primero en la soledad de su despacho, alistándose. En otra toma, palmeando a quienes la vitorean. Luego, al mando de su tropa, preparándola para la batalla. El cierre, épico, rodeada por la misma tropa, con la batalla ganada. Es una generala triunfante con un uniforme color salmón.

Patricia Bullrich vive en campaña permanente, no conoce otra forma de hacer política. E intentó usar la media sanción del Senado a la reforma laboral como un cuenco para su propia acumulación. Pero esa forma, individualista, personalista, hace ruido en los oídos de Karina Milei, que no admite nada que no sea trabajar para la imagen de su hermano. Cualquier construcción por fuera de la propia figura de Javier Milei entra en colisión con su plan. A cada llama que se enciende, la extingue un baldazo de agua. "Pregúntenle a (Victoria) Villarruel sino", agrega un libertario que se mueve con delicadeza entre las tribus violetas.

Del otro lado, responden con criterio: "No podés querer los modos de Patricia, que te están permitiendo negociar una reforma laboral o una baja en la edad de imputabilidad y, a la vez, cuestionar esos mismos modos por otras razones. Es un paquete completo".

El león y el pato.

No son muchas las personas que acceden al despacho presidencial sin pasar por el peaje karinista. Bullrich se ganó ese privilegio. A Karina no le gusta, pero Bullrich no camina la política pidiendo permiso. Un choque de personalidades que es un riesgo latente, otro más, en la multiplicidad de internas que respiran en el cabildeo libertario. Provocadora, la jefa de la bancada de La Libertad Avanza (LLA) en el Senado, publicó también su encuentro personal con el presidente y, también, una foto con uno de los cuadro que tiene Milei en sus oficinas oficiales. Es el cuadro en el que se va un león abrazando a un pato.

En la cercanía de Bullrich descartan cualquier tipo de resentimiento o aspereza entre ella y Karina Milei. Como casi todo lo que llega a los medios de comunicación, alimentando versiones de inquinas personales en el Gabinete, le adjudican la autoría a Santiago Caputo. "Cuando uno quiere entender por qué pasa algo que es falso, hay que ver a quién beneficia eso", justifican la sospecha.

Dos nombres, dos cargos.

Entre las dos se instaló un nombre, el de Manuel Adorni. Entró como vocero, fue ganando terreno en el día a día de la Casa Rosada y pasó el test electoral, ganando las elecciones porteñas del año pasado. Karina lo amadrinó hasta convertirlo en jefe de Gabinete. Y es su carta para dos posibles lugares: o candidato a jefe de Gobierno porteño o como complemento en la fórmula presidencial de lo que será la búsqueda de la reelección de su hermano, el año que viene. Exactamente, los dos mismos lugares a los que aspira Bullrich.

Hábil, Bullrich gambetea la tensión con Karina. Al menos, mientras no sea necesaria. "Si Karina le pide que sea vice, Patricia va de vice; si Karina le pide que juega en CABA, jugará en CABA. Va a hacer lo que Karina le pida", dice un estrecho asesor bullrichista, para ahuyentar cualquier atisbo de confrontación. O al menos no adelantarlo.

La pregunta que atraviesa esta decisión, que en algún momento los Milei quizás tengan que tomar, es: si el Gobierno llega bien a 2027 y es competitivo como marca en la Ciudad de Buenos Aires, ¿por qué Karina elegiría a alguien con juego propio y aspiraciones probadas, como Bullrich, antes que a un súbdito fiable y leal, como Adorni? El purismo. En las decisiones de la hermana presidencial siempre, en algún momento, aparece el purismo.

Las dos mitades del karinismo.

En el universo Bullrich saben que al menos un sector de las tropas que reconocen a Karina como su jefa militan a Adorni como tabique a cualquier intento de construcción personal de la ex ministra de Seguridad.

Son los mismos sectores que, en sus cálculos, alientan el alto perfil de Alejandra Monteoliva. Mientras explora una comunicación en redes patéticamente inspirada en la secretaria de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, Kristi Noem, la actual jefa de la cartera de la seguridad, trabaja arduamente en un proyecto para cambiar de madrina. Y en la Secretaría General de la Presidencia lo celebran.

Dividen esos sectores por mitades. Dicen que la mitad del "karinismo" más vinculado a la política porteña, está más cerca de Bullrich. Piensan, principalmente, en la legisladora porteña y mano derecha de Karina, Pilar Ramírez, y su pareja y presidente del Banco Nación, Darío Wasserman. La otra mitad sería la que, siempre según esta mirada, prefiere a Adorni.

Tanta suspicacia atraviesa la interna libertaria que cuando se preguntan quién estimula las versiones de escarceos entre Karina y Patricia, en el círculo íntimo de la senadora recuerdan el pasado inmediato de Adorni. "Tenía a su cargo la comunicación, ¿no? La gente de Manuel maneja muy bien la comunicación", sugieren con sorna.