Karina, Menem y las coimas: el combo explosivo que abrió la ventana a un vendaval de denuncias
27 de agosto de 2025 - 08.33 / Actualizado: 10.01
27 de agosto de 2025 - 08.33 / Actualizado: 10.01
Cuando en enero Javier Milei deslizó, en Davos, que dentro de cada homosexual late un potencial pedófilo, el Gobierno sufrió su primera gran crisis de opinión pública. Tardó tres días en concertar una entrevista, que tampoco salió bien, pero al menos hubo una reacción. Las mismas 72 horas demoró el presidente en sentarse al bordecito de un sillón y -ante una cámara amiga- intentar apagar el fuego que, la noche del 14 de febrero, desató con el posteo promocional de la cripto $Libra, que concluyó en una estafa superior a los U$S 200 millones. No hay encuesta que no reconozca que estos dos incidentes del verano pasado abrieron una brecha en la imagen presidencial, que hasta ahí llegaba, punto más, punto menos, en un fifty-fifty entre positiva y negativa.
Los audios de Diego Spagnuolo que manchan de corrupción a Karina Milei y Eduardo "Lule" Menem llevan una semana circulando. Se acumulan más y más, brotan allanamientos, celulares secuestrados y el pánico y la inacción se apoderaron de la Casa Rosada. No hay plan. Literalmente, no saben qué hacer. Y más riesgoso aún, no tienen idea de qué hay en el celular del removido director de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS). "Estamos a ciegas", dicen las mentes más lúcidas de la experiencia libertaria. En plena campaña, el apellido Milei queda ligado a la palabra "coima".
Los más agradecidos por esto, en medio de la tragedia política que los atraviesa, son los candidatos del PRO que acordaron poner su nombre en las boletas de La Libertad Avanza (LLA). Los responsables de la campaña, ante la ausencia de estrategia, les pidieron que abracen el silencio y suspendan las entrevistas que hubieran acordado hasta que haya una línea narrativa. La orden les cayó como una bendición. Pensaron lo peor. ¿Qué era lo peor? Que los manden a defender al Gobierno, a Karina y a los Menem.
Ni el diseñador de campañas más optimista hubiera soñado con un escenario así. Alcanza con enumerar todas las características, de corrido, para entender la profundidad del caso.
Si se tomara como cierta toda la información de los audios de Spagnuolo, se trata de un escándalo de coimas, conocido a través de pornográficos audios -¿y videos?- que multiplican la sensibilidad de su impacto; obtenidos a través de ilegítimas grabaciones al abogado personal del presidente; coimas cuya destinataria final era la empoderada hermana del presidente; recaudadas mediante un mecanismo de corrupción diseñado por una persona de apellido Menem; canalizadas a través de una familia de empresarios allanados en sus mansiones de Nordelta, a quienes encontraron con cajas de seguridad abiertas y miles de dólares en sobres de papel; dólares presumiblemente obtenidos por sobreprecios en la compra de medicamentos destinados a un segmento social hiper vulnerable, como son las personas con discapacidad; personas que llevan adelante, en ese mismo momento histórico, una batalla parlamentaria por una ley para el sostenimiento de sus derechos básicos; ley que vetó el presidente; un presidente que tiene una causa judicial abierta por agraviar en redes sociales a un nene de 12 años con autismo; nene a quien el funcionario de los audios le había preguntado por qué él tenía que pagar los peajes y los discapacitados no. Todo eso, a 20 días de ir a elecciones. Es demasiado.
Apenas se conocieron los audios de Spagnuolo, los principales encuestadores salieron a hacer lo que se conoce como trabajo de campo. O sea, encuestar. Dos de esas consultoras ya tienen datos de esa medición de emergencia y coinciden en dos cosas. Una, que el conocimiento del caso es altísimo; otra, que impactó más en la imagen de los Milei que lo que, a priori, podría tener en las urnas.

Para Management&Fit, el 95% de los encuestados conoce el caso, el 73% considera que se trata de hecho graves y casi el 60% confía en que los audios son verdaderos. Entre los Milei y los Menem, Lule y Martín. Más de la mitad reconoce que altera su valoración del Gobierno, pero el 82% afirma que no va a modificar su voto por estos episodios. O, puesto de otra manera, hay un 18% que deja abierta la puerta a sí modificar su voto. Puesto así, el número se vuelve más interesante.
En la encuesta de Proyección, el nivel de conocimiento del caso llega al 80% y solo entre los Milei, Javier y Karina, concentran la responsabilidad por estos hechos en más del 50%. Es decir: la mitad cree que los responsables de las coimas con medicamentos son ellos. Sin embargo, al igual que en la consulta de M&F, es bajo el porcentaje que dice que va a modificar su voto: un 12%. Pero un 23% dice que no lo sabe. Mismo ejercicio: interpretado desde otra óptica, en la encuesta de la consultora de Manuel Zunino y Santiago Giorgetta solo el 65% dice estar seguro de sostener su voto para LLA.

Una versión que circuló esta semana en algunos encumbrados despachos del poder, en formato de preguntas.
El dato determinante es que, si esto pasó, fue antes de que los audios de Spagnuolo empezaran a circular con la velocidad de un virus.
Además del escándalo por las coimas mediante presuntos sobreprecios en la compra de medicamentos para personas con discapacidad, solo en la última semana salieron a la luz multiplicidad de denuncias, que van desde más casos de coimas a la retención de una parte del salario de funcionarios como modus operandi para financiar a la política.