La interna Caputo-Karina, la guerra por la marca y el miedo a la diáspora: ¿qué va a pasar entre LLA y el PRO?
29 de abril de 2025 - 07.00 / Actualizado: 01 de mayo de 2025 - 21.47
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La relación entre Javier Milei y Mauricio Macri está frizada, hace tiempo que no hay contacto directo entre ellos y el vínculo ha entrado en una riesgosa guerra fría, de amenazas de ruptura y mensajes públicos que administran con la pericia diplomática de Chewbacca. Todo esto es tan cierto como que lo que impide hasta ahora cerrar una alianza entre La Libertad Avanza (LLA) y el PRO en la provincia de Buenos Aires no tiene que ver con cuestiones personales, sino con diferencias sobre la mejor estrategia para ganarle al peronismo y un revoleo infinito de nombres, que en ese revoleo incluso cambian de camiseta, en el aire. Todo un escenario agravado, además, por el desdoblamiento de los comicios bonaerenses.
La primera de las batallas tiene que ver con el nombre. Y esto, lejos de ser una discusión superflua, de egos, podría ser lo que clausure la chance de que libertarios y macristas compartan listas en la PBA.
Las posiciones son absolutamente refractarias. Macri rechaza de cuajo que sus candidatos se integren en una boleta que lleve el sello de LLA. Sería, para él, la consagración de un proceso en marcha: una mancha violeta comiéndose lo que alguna vez fue una ola amarilla. De hecho, el PRO tiene un borrador de negociación viable, para sus intereses: cuatro diputados nacionales en lugares "entrables" -equivalente a diez puntos- en las listas de octubre y la conformación de una alianza que no se llame LLA ni PRO. Quieren crear una marca nueva.
Del otro lado, en LLA, la marca es innegociable. En sus cálculos, el sello violeta, solo, mide más que cualquiera de los candidatos, sea José Luis Espert (LLA) o Diego Santilli (PRO). Y creen que sería un error estratégico grueso cambiarle el nombre a lo que, consideran, es una escudería ganadora.
En LLA miran, para reforzar esta propuesta, el acuerdo de Macri y Sergio Massa de 2013. Ese año, el entonces intendente de Tigre aceptó el desafío de Cristina Fernández y armó un partido, el Frente Renovador (FR), y ganó las elecciones. ¿Cómo las ganó? Sellando una alianza con el PRO y forzando así un escenario de polarización con el entonces Frente para la Victoria, que llevaba como primer candidato a diputado nacional a Martín Insaurralde.
Ese año, el PRO y el FR no armaron una alianza, sino que Macri adhirió al flamante sello massista y metió tres dirigentes propios que tuvieron luego su banca en la Cámara de Diputados. Entre ellas la actual intendenta de Vicente López, Soledad Martínez. "Queremos que se sumen a una lista ganadora, ganarle al peronismo, y que el 11 de diciembre los que entraron con nosotros vayan al bloque del PRO, como hicieron en 2013", blanqueó una fuente libertaria, que sigue de cerca la negociación. "De última, si quieren, después discutimos un interbloque".
Para el PRO el escenario es completamente distinto. Por un lado, ese pacto prácticamente garantizaba un triunfo contra el kirchnerismo en su bastión central y con CFK en el poder, lo que sería un golpe letal para los planes presidenciales que ya tenía Macri. Además, para ese momento, el macrismo recién hacía sus primeras armas del otro lado del Riachuelo y de la General Paz. Ahora, la alianza LLA-PRO mejora las chances de ambo, pero no garantiza el triunfo. Creen también que la marca amarilla tiene otro peso en la provincia que gobernaron entre 2015 y 2019, que tiene cuadros con varias elecciones encima y que, contra todo eso, una victoria de una lista que se llame LLA consolidaría la figura de Milei, no habría capitalización alguna para Mauricio Macri.
Las diferencias por la estrategia electoral no son solo entre LLA y el PRO, sino que las hay también hacia el interior de ambos espacios. En el Gobierno, ese choque se da entre dos pesos pesados: Karina Milei y Santiago Caputo. Una colisión de planetas de resultado incierto.
Al enfant terrible no lo conmueven las listas locales, las que deberán presentarse en las elecciones provinciales del 7 de septiembre, las que desdobló Axel Kicillof pese a la resistencia de Cristina. No tiene ningún problema en cederle lugares al PRO en esas listas seccionales, a cambio de una mayor presencia libertaria en las listas nacionales de octubre, las que definirán la integración del próximo Congreso. En cambio, la hermana presidencial -avalada por su partenaire, Eduardo "Lule" Menem - está obsesionada con la pureza de las listas, a todos los niveles: nacionales, provinciales y hasta municipales.
El desdoblamiento electoral bonaerense desdobló, en simultáneo, la negociación de LLA y el PRO en la provincia. Mesas distintas, con tiempos distintos. En lo que sí coinciden Caputo y Karina es que no habrá acuerdo nacional con el macrismo sin un acuerdo seccional.
"El mandato es claro: cerrar un acuerdo con el PRO, no de dirigentes". Un hombre que trabaja al lado de Macri reconoce que la negociación con Sebastián Pareja, el armador provincial de los Milei, está en manos del presidente del partido en la PBA, Cristian Ritondo, pero que el diputado nacional no tiene libertad absoluta. En esas conversaciones no está autorizado, al menos por ahora, a ceder la presencia del sello en la boleta de la hipotética futura alianza. La misma fuente reconoce el riesgo latente de que, si se traba el acuerdo, haya una diáspora de dirigentes macristas hacia las filas libertarias. La ausencia de Diego Santilli en la reunión que armó Macri en Mar del Plata encendió algunas alarmas.
A LLA no le convendría, naturalmente, que el PRO tenga lista propia en la PBA y que le robe algunos puntos, de esos que podrían incluso definir una victoria peronista. Pero confían en que, si no hay acuerdo de partidos, habrá una avalancha de dirigentes amarillos pidiendo la camiseta violeta. Lo explican con una metáfora fuerte: "Les va a convenir ir octavos en un auto con nafta premium que segundos en uno a kerosene".
En el PRO, en cambio, descartan eso, más allá de algunos casos puntuales. "Si cierran la suya, se entregan. ¿Perdieron los deseos de ser gobernador? Porque si cierran solos, pierden eso", deslizaron desde el primer círculo de Macri, sin dar nombres, pero esos nombres son fáciles de identificar.
Los plazos del cronograma electoral bonaerense le permiten a LLA y al PRO negociar un pacto bonaerense con los datos de las elecciones porteñas del 18 de mayo en la mano. Y ese resultado puede ser, si no decisivo, sí importante para ver cuánto vale realmente cada marca. Una encuesta irrefutable.
Por un lado, si se produce la victoria de la lista del peronismo que encabeza Leandro Santoro, forzará el escenario de unidad en la PBA. Será unidad hasta que duela, pero ninguno de los dos espacios podría permitirse una derrota bonaerense por ir en listas separadas.
Por otro lado, el resultado de la lista libertaria que encabeza Manuel Adorni y la del PRO, que lleva en primer lugar a la diputada Silvia Lospennato, también será un punto para determinar qué parte del paquete accionario de esa alianza bonaerense en ciernes le corresponde a cada sello. "Si le sacamos diez puntos en la Ciudad es un escenario; si empatamos y perdemos con Santoro es otro; y si quedamos terceros nosotros y gana el PRO, será otro", explicaron desde el Gobierno.