La mesa servida de CFK, Macri y Alberto para una motosierra con tiempo y apoyo
11 Diciembre de 2024 08.40
11 Diciembre de 2024 08.40
Con el kirchnerismo convertido en una foto en sepia y las catástrofes económicas y sociales de Cambiemos y el Frente de Todos aún tibias, el sistema político se convirtió en un puerto ideal para el desembarco de Javier Milei y su experimento libertario. Entre Mauricio Macri y los Fernández, Alberto y Cristina, crearon una demanda cuya oferta tenía en el bolsillo un economista desprestigiado en la academia pero muy popular como divulgador mediático. Logró sortear con saldo positivo su primer año con algunas premisas. A diferencia de sus antecesores, no quebró el pacto electoral. Más aún: lo talló en piedra.
Talibán en lo discursivo y pragmático en la política y la economía, su hito, el ajuste más brutal de la historia, no solo no generó un desborde social, sino que aún hoy mantiene respaldo y altas expectativas, incluso en aquellos sectores que más lo padecen. La duda es cuánto falta para que, si la recuperación económica no se siente en los hogares, esas expectativas se convierten en exigencias y el respaldo, en rechazo.
El Gobierno logró instalar con éxito la idea de que era necesario un esfuerzo personal para ordenar la macro, con la promesa de que el boomerang volverá con soluciones para la micro. Esto se ve con claridad en muchísimas encuestas. Para Isonomía, del 50% de encuestados que afirma no llegar a fin de mes, un 36% mantiene imagen positiva del Presidente. Es decir: casi dos de cada cinco personas que quema ahorros o -peor aún- requiere ayuda de su familia o del Estado para subsistir sigue confiando en la utopía libertaria. Es una lógica, extraordinaria, que Juan Germano, uno de los directores de la consultora, explica así: "Le dan al Gobierno el tiempo que no tienen para sí mismos". Lo que es difícil de prever es cuánto, cronológicamente hablando, se extiende esa confianza. El año próximo tendrá la mejor herramienta que existe para medir eso: las urnas.
La misma foto se desprende del último trabajo de Zuban Córdoba. Hay una foto que, a priori, parece la de un Gobierno en crisis: 61% dice que su nivel de vida empeoró; 64% afirma que sus ingresos empeoraron; 66% que su situación general empeoró; un 63% no cree que los salarios le estén ganando a la inflación; un 70% descree que el ajuste lo esté pagando la casta; y el 80%, por el contrario, cree que el impacto de la recesión cae de lleno sobre la espalda de la gente. El mismo sondeo revela que, aún con esa sensación térmica, un 44% sigue esperanzado de que su esfuerzo valdrá la pena, un 47% confía en que Milei solucionará la economía y un 46% ve al país va en la dirección correcta.
Hay un dato de percepción, interesante, sobre la situación económica. El estudio de humor social de Moiguer Consultora muestra que en el último trimestre de 2023, cuando el Gobierno asumió, el 74% de los encuestados veía una crisis económica inminente. Hoy, con el dólar planchado y la inflación a la baja, esa expectativa se redujo al 35%. El tsunami, para este universo, se alejó de la costa.
Milei asumió con el índice de aprobación más bajo para un presidente. En esto coinciden la totalidad de los encuestadores. Pero a diferencia de Cristina, Mauricio o Alberto, no cayó sino que mantuvo su piso. Algunos sondeos muestran que, incluso, su imagen creció durante su primer año de gestión. ¿La razón? Son muchas. Una de ellas, es que no traicionó el contrato electoral. El último trabajo de Aresco destaca que lo que "se valora de Milei es que está haciendo lo que prometió en campaña". Dicho de otra forma, genera respaldo "prometer y cumplir".
La consultora de Federico Aurelio, la que más miran en Casa Rosada, marca un cierre de año al alza para el Presidente: de un escenario asimilable a un fifty fifty en septiembre, el mes más traumático por el impacto de los vetos a jubilados y universidades, en noviembre la imagen positiva presidencial se fue arriba del 57%, mientras que la negativa cayó por debajo del 43%.
Esto no solo emerge en las encuestas cuantitativas, sino también en las evaluaciones cualitativas. Un focus group que hicieron entre Grupo de Opinión Pública (GOP), de Raúl Timerman, y Trespuntozero, de Shila Vilker, muestra que tanto los votantes de Milei como los de Sergio Massa reconocen que el Gobierno está haciendo lo que dijo que iba a hacer.
De este trabajo surge un diálogo, con un votante joven de La Libertad Avanza (LLA), que revela milimétricamente la paciencia imperante con la experiencia libertaria.
-Algunos avances veo, creo que hay que darle tiempo.
-¿Cuánto tiempo le darías?
-No sé, hasta que termine lo que está haciendo.
-¿Y en cuánto tiempo crees que se deberían ver los resultados?
- No sé, la gente del Gobierno lo debe saber bien, yo veo que están cumpliendo (...) En cuanto ordenen todo tiene que empezar a haber más resultados.
En su guerra cultural, Milei ya se puede anotar algunos hits: según Isonomía, mientras en 2011 un 70% confiaba más en el Estado que en el sector privado a la hora de encontrar soluciones, ese número se desplomó al 42% en 2024. Hay otro dato muy interesante que midió la misma consultora. Mientras en 2011 el 70% de las personas se autopercibía de clase media, ese universo se redujo este año al 35%.
A veinte años de lo que el kirchnerismo considera el inicio de la década ganada, la propuesta que encarna la ex presidenta hoy se enfrenta sin una oferta actualizada a un electorado renovado, que en una porción importante no tiene ni recuerdos de esos años. Esos años que recuerda con nostalgia un electorado cada vez más chico. Así, el kirchnerismo, hoy, se parece más a un espejo retrovisor que a un proyecto que pueda volver a enamorar.
Si Milei no logró resetear por completo la polarización, de mínima la puso bajo revisión y análisis. Hay un sector de la política que aún mide sus acciones de acuerdo a cuán cerca o cuán lejos quedan de Cristina. Esto va del oficialismo explícito del PRO al blue de la UCR, sobre todo en sus representantes con votos: sus gobernadores y sus bloques parlamentarios. Pero en el electorado la percepción de esa disputa no está tan clara y la guerra intestina en el peronismo ayuda bastante a esa confusión. En la encuesta de Zuban Córdoba, un 54,5% no ve alternativa política y casi un 35% dice que no se siente representado por ningún dirigente.