La suma de todos los errores
15 de diciembre de 2024 - 11.35 / Actualizado: 16 de diciembre de 2024 - 10.36
15 de diciembre de 2024 - 11.35 / Actualizado: 16 de diciembre de 2024 - 10.36
El Gobierno fue derrotado en el Congreso el jueves en su pretensión de proteger al senador por Entre Ríos Edgardo Kueider del pedido de expulsión que realizó la oposición. La remoción se concretó y, en el afán de evitarla, La Libertad Avanza se metió en un laberinto legal que profundiza la interna en la fórmula presidencial.
El oficialismo llegó a la sesión del jueves sin una estrategia clara más que la de confiar en que, por un acuerdo previo, la expulsión de Kueider se cambiaría por una suspensión hasta el 1 de marzo. La falta de plan B y los errores en la improvisación frente a los imprevistos metieron al Gobierno en un conflicto más profundo que el de una banca en el Senado.
Cuando el senador Kueider fue detenido en la frontera de Paraguay con 200 mil dólares sin declarar, la reacción de Unión por la Patria fue pedir su expulsión. El legislador había entrado a la Cámara en una lista del Frente de Todos pero había votado a favor de la Ley Bases y se había convertido en un aliado del oficialismo. Para el bloque peronista, expulsar a Kueider significaba sumar una banca más, porque entraría la camporista Stefanía Cora.
En el Gobierno comenzó una fuerte encrucijada sobre qué postura adoptar y una evaluación de costos: si era preferible resignarse a perder un aliado a riesgo de que se le compliquen las votaciones futuras en el Senado o si salir a jugar para evitar su expulsión, a riesgo de ser visto por la sociedad protegiendo a una persona atrapada in fraganti en un acto delictivo. Decidieron lo segundo.
El operativo para salvar a Kueider implicaba cambiar su expulsión por una suspensión hasta el 1 de marzo, tenerlo afuera todo el período de extraordinarias (todavía no convocado) y volver a contar con él durante el año reglamentario. El acuerdo se selló dos noches previas a la sesión con un pedido firmado por los legisladores de La Libertad Avanza y por los de otros bloques como el PRO y el radicalismo. Como se necesitaban dos tercios para la expulsión, estos apoyos le garantizaban al entrerriano la salvación.
Durante el momento del debate en el recinto, desde el bloque PRO viajaron dos puñales: los senadores Luis Juez y Guadalupe Tagliaferri confirmaron que se inclinaban por la expulsión y no por la suspensión. A eso se sumaron radicales que se plegaron a la postura de Martín Lousteau, de entrada partidario de la remoción. El que tiró la lanza fue el fueguino Pablo Blanco y el resto del bloque lo siguió. El Gobierno, que se mostraba tranquilo en la previa, se encontraba ahora frente a un escenario de derrota segura.
Frente al imprevisto, el oficialismo entra en una racha de errores. Los senadores de la La Libertad Avanza deciden cambiar el voto y pulsar a favor de la expulsión de Kueider para no quedar registrados como que votaron en contra y en defensa de un sospechoso de corrupción, lo cual deja en offside a los senadores aliados que sí votaron en contra por pedido de ese oficialismo que se desmarcaba. Sin embargo, la intención de correrse de la protección al entrerriano entra en contradicción con el discurso de cierre que dio el presidente del bloque, Ezequiel Atauche, que reconoció que cambiaban el voto porque no habían logrado evitar la remoción, aunque lo habían intentado.
Con este desconcierto llega el oficialismo a la votación en la que se concreta la tarjeta roja a Edgardo Kueider y una derrota total para el Gobierno, que tenía que decidir si afrontar el costo de perder un senador aliado o el de ser visto en la protección de un presunto corrupto, y terminó comiéndose los dos juntos. Sin embargo, lo peor iba a venir después de la votación.
Desde el entorno del presidente Javier Milei señalaron que el mandatario se encontraba de viaje a Italia cuando se llevó a cabo la sesión y acusaron a la vicepresidenta Victoria Villarruel de haberla presidido de manera irregular, porque debía estar al frente del Poder Ejecutivo. La búsqueda del Gobierno era la de declarar nula la sesión y, por lo tanto, nula la expulsión de Kueider, que inmediatamente envió desde el hotel donde está preso en Paraguay un pedido al Senado para anular su expulsión. Para él es clave conservar los fueros ya que, sin ellos, se expone a consecuencias peores, tanto en Paraguay como en Argentina.
Villarruel afirma que el escribano del Estado la notificó de que Milei había salido del país y que ella estaba a cargo del Ejecutivo a las 19, horas después de la sesión, y que, por lo tanto, era vicepresidenta al momento de sesionar y podía sentarse en el estrado a presidir el recinto. Además, explicó que no sabía que el viaje, previsto para la tarde, se había adelantado.
Desde Casa Rosada se dieron a conocer chats de WhatsApp de dos días antes con la secretaria privada de Villarruel, Guadalupe Jones, en los que le avisaban de la salida del país que realizaría el mandatario el 12 de diciembre a las 12 y Jones respondía: "Ok". A raíz de esto, el vocero presidencial, Manuel Adorni, tuiteó que en el espacio libertario "no se miente". El villarruelismo señala que la vía para notificar el viaje presidencial es el acta de la Escribanía del Estado y no un chat de WhatsApp.
La discusión legal entre el presidente y la vice toma un tenor mucho más profundo que la de Kueider, a quién se podría expulsar con una segunda sesión si la Justicia anulara la primera ya que los votos están de manera holgada. Si Milei viajó a las 12 y Villarruel fue notificada a las 19, hubo 7 horas sin presidente en Argentina y alguien que cometió un error pasible de sanción penal: o Villarruel ejerció usurpación de cargo para ocupar el estrado del Senado de manera irregular o la Secretaría Legal y Técnica de la Presidencial tuvo un incumplimiento de deberes de funcionario por no notificar a la vicepresidenta a tiempo de un viaje presidencial.
A este escándalo se sube el senador atrapado con 200 mil dólares en la frontera para salvar su banca y enchastra al Gobierno, que entró en este debate con el objetivo de salvar a Kueider haciendo el menor ruido posible y queda, tres días después, con Kueider afuera y con una batalla legal que expone a funcionarios y profundiza el tiroteo entre el presidente y la vice.