Lo que el veto no se llevó
13 Octubre de 2024 11.18
13 Octubre de 2024 11.18
Cuatro días después de lograr la confirmación del veto presidencial a la Ley de Financiamiento Universitario en la Cámara de Diputados, el conflicto escaló aún más y arrastró a una toma masiva de facultades a lo largo del país que se profundizará la semana que viene.
Contrariamente al común de las agendas políticas, la clausura de la discusión legislativa no desescaló el conflicto en la calle sino que lo agrandó y despertó una línea de acción más directa que hasta horas previas a la votación en la Cámara de Diputados no era un tema: la toma de facultades. Esta agudización, como si fuera poco, se da cuando los caminos legislativos para un acuerdo en la materia ya están vencidos.
Desde el momento en el que se firmó el veto, que coincidió en el día con la masiva marcha universitaria en distintos puntos del país y con epicentro en la Plaza del Congreso, al Gobierno le recorre el fantasma del "asado de los héroes" en la Quinta de Olivos para los diputados que habían votado el veto al aumento a jubilados. La principal autocrítica era que la idea había extendido una semana (desde la votación hasta el día posterior al asado) el incómodo tema del veto en la agenda pública. Ese error no forzado, bajo la óptica del Gobierno, impidió que el tema se cierre cuando la Ley cayó en la Cámara de Diputados.
La extensión de la conversación sobre aquel veto fue perjudicial porque el gesto en sí tuvo una respuesta negativa en la sociedad. Más allá de las diferencias en los números finos, hubo una coincidencia general por parte de todos los sondeos de opinión de que septiembre fue un mes de caída para la imagen del presidente y que la trama sobre las jubilaciones tuvo parte importante en ese movimiento. Javier Milei acusó recibo de esos datos y llamó a "no creerles a los encuestadores mentirosos", justo lo que diría alguien que sí les cree a los encuestadores y que está preocupado por esos datos.
Desde esa base partía el veto al financiamiento universitario y con el oficialismo alineado en el objetivo de perder la menor cantidad de aceite en la discusión. Esta vez no hubo asado ni felicitación a los 84 diputados que votaron negativamente la insistencia por la Ley de Financiamiento, 3 menos de los que le aseguraron el veto al aumento jubilatorio. Sin embargo, el escenario para el fin de esta semana que pasó y para la semana que viene parece ser peor que el de los días previos a la votación.
Al momento de que la Cámara de Diputados votara la confirmación del veto, 28 facultades de 11 universidades nacionales estaban tomadas como mecanismo de presión sobre los legisladores. Para el final de la semana, ya eran más de 60 facultades de 24 universidades distintas a lo largo y ancho de todo el país, y se espera que se sumen más para la semana que viene, que arrancará con tomas en facultades importantes de la UBA desde el mismo lunes y que tiene programado un paro nacional el jueves. La magnitud del conflicto sorprendió por hechos inéditos como la toma de la Facultad de Derecho de la UNC y la toma de la Universidad Nacional de La Matanza, casas de estudio sin antecedentes recientes de este nivel de combatividad.
Las consecuencias empiezan a tomar forma también en represalias contra los diputados que votaron de manera negativa a la hora del retorno a sus lugares de origen.
El que dejó en jaque a los dialoguistas que votaron con el Gobierno y sus justificaciones de que "no es contra la universidad pública" fue el propio presidente. Milei dijo ayer en un discurso en el (nuevo) Palacio Libertad que "las universidades públicas hoy son un obstáculo para la movilidad social". De lo que se entiende que si la movilidad es un objetivo deseable y las universidades públicas un obstáculo a ese objetivo deseable, correspondería su eliminación o, en este caso, su desfinanciación. Las palabras del mandatario, en la obligación de referirse al tema, abrieron aún más la herida de la comunidad universitaria y tensaron más la cuerda que todavía sostiene La Libertad Avanza. Segundos después de esta declaración, repitió que la universidad pública "no está en juego", pero la consideración anterior mostró a las claras que, más allá de la discusión actual, Milei está filosóficamente en contra de la educación universitaria gratuita.
Un punto de análisis sobre lo que sucede es la falta de un objetivo concreto cercano para estas medidas, que sí existía cuando todavía se discutía la Ley. Si bien todavía está vigente la negociación salarial con los gremios docentes, el proyecto de Financiamiento Universitario, al ser vetado y ese veto confirmado en el Congreso, no puede volver a tratarse hasta el 1 de marzo del 2025. La consigna de repudio al veto es transversal a todas las medidas de fuerza tomadas tanto por entidades sindicales como por centros de estudiantes, pero no aparece con claridad cuál es la conquista concreta buscada después de la derrota. La respuesta a ese interrogante podría encontrarse en la próxima discusión que se viene en el Congreso.
La discusión parlamentaria del Presupuesto volverá a poner sobre la mesa, aunque sea a grandes rasgos, las partidas a cada una de las áreas y abre una nueva oportunidad para que el Gobierno sea forzado a asignarles más recursos a las universidades y a su personal.
Si bien la del Presupuesto es otra discusión que tendrá otros avatares en la negociación, la gestión Milei llegará con un considerable desgaste y consolidado como "el partido de la minoría", según acusó Miguel Ángel Pichetto, hombre clave para destrabar el voto de un importante bloque en Diputados para que la "ley de leyes" mejore sus posibilidades en la Cámara Baja. Con universidades tomadas, paros nacionales y posibles vueltas a movilizaciones multitudinarias, el Gobierno tendrá que hacer equilibrio para resistir una semana que se augura complicada.