La fantasía de la vida eterna: quiénes son los hombres que quieren vencer al tiempo
27 Julio de 2026 12.40
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Bryan Johnson tiene 48 años y recientemente anunció que logró clonar sus células madres dónde probará distintos métodos para "detener el paso del tiempo" y llegar a 2039 sin haber envejecido. "Podríamos ser la primera generación que no morirá", se lee en su biografía de Instagram.
Bryan Johnson es un empresario tecnológico estadounidense, fundador de Braintree (una empresa de pagos adquirida por PayPal en 800 millones de dólares) y de Kernel, dedicada a la neurotecnología. Desde 2021 dirige un programa antienvejecimiento que, según declara, le cuesta 2 millones de dólares al año. El protocolo incluye dieta, ejercicio, decenas de suplementos diarios, monitoreo médico constante y tratamientos experimentales como terapia génica y transfusiones de plasma con su hijo y su padre, que interrumpió luego de no detectar beneficios.
Su objetivo es vivir más años y frenar el deterioro corporal, según lo expresa en su documental de Netflix No te mueras: El hombre que quiere vivir para siempre. Allí Johnson cuenta que intenta situarse "en la frontera más extrema de lo que es posible en la ciencia". Toma 54 pastillas todos los días y afirma haber logrado revertir su edad biológica con "biomarcadores perfectos". Los suplementos también los vende en su marca Blueprint.
En marzo de 2025, anunció en X la creación de una "religión" propia llamada No mueras, a la que define como "el gran marco unificador de la existencia". En términos organizativos, el movimiento avanza a través de una aplicación que permite a los usuarios monitorear su salud y sumarse a grupos comunitarios, y de encuentros presenciales de entre ocho y doce personas que se reúnen semanalmente bajo la consigna, en palabras del propio Johnson, de "jugar con la idea de que el cuerpo es Dios".
Las críticas a este movimiento se resumen en la impronta sectaria y las falsas promesas sobre la salud. El periodista Thom Waite de Dazed participó durante una semana del proyecto y contó que no se trata de una experiencia espiritual, sino una aplicación gamificada que apela directamente a los centros de placer del cerebro mediante, por ejemplo, ganar puntos por caminar.
En los últimos años se popularizó el concepto de wellness, acuñado por primera vez por el bioestadístico del Gobierno de Estados Unidos, Halbert Dunn, a finales de 1950. Se trata de un movimiento cultural que distingue "buena salud", simplemente no estar enfermo, y "bienestar de alto nivel". La salud se vuelve un proyecto que combina distintas prácticas como yoga, meditación, alimentación y suplementos para acercarse a ese bienestar utópico. La premisa se apoya en que si se controlan lo suficiente los hábitos, se alcanza la plenitud.
Y también es un negocio. Actualmente la industria del bienestar en Estados Unidos mueve 2.1 billones de dólares anuales, según los datos del Global Wellness Institute (GWI). Este sector abarca un 7,33% del PBI del país.
El biohacking es una rama radicalizada y masculinizada del wellness, pero ambos venden la idea del "control total". El término combina "biología" y "hacking" y propone monitorear el propio cuerpo mediante el uso de tecnología y suplementación para mejorar el rendimiento físico y cognitivo, y ralentizar el envejecimiento. Asprey se adjudica el término, pero no hay un consenso total. Lo cierto es que lo popularizó desde 2004.
Las prácticas se caracterizan por: dieta, ayuno intermitente, exposición a frío o calor, seguimiento de biomarcadores, consumo sistemático de suplementos, análisis de sangre recurrentes, terapias de luz y transfusiones de plasma. No obstante, hasta el momento no hay ensayos clínicos que respalden la efectividad de los métodos para detener el envejecimiento.
Johnson no es el único. Existen otros varones que también promueven el biohacking: Dave Asprey, Gary Brecka y David Sinclair son algunos de los más populares. Ahora bien, además de la venta de protocolos, dietas y terapias experimentales para ganarle al paso del tiempo, ¿qué más tienen en común estas personas?
El punto principal es que la mayoría viene del mundo tecnológico y extiende esa interpretación al cuerpo humano. Como si el organismo fuera un sistema hackeable, medible y optimizable como un software. Y en este sentido, todos usan terminología científica para vender productos que carecen de tal respaldo, pero esto los distancia de otros influencers que comercializan productos similares como el té detox de Kim Kardashian.
Otro rasgo es que ninguno habla concretamente de sentirse mejor, sino de métricas, biomarcadores y edad epigenética. La revista Nature señala que así se convierte la experiencia subjetiva en algo que parece objetivo y verificable.
Haber vivido un momento difícil es otra característica que comparten. Johnson asegura que los años de desgaste empresarial, malos hábitos y depresión fueron subsanados con la disciplina total del protocolo. Para Asprey, pesar más de 130 kilos en su juventud y las largas jornadas en Silicon Valley le dejaron niebla mental, artritis y prediabetes que logró dejar atrás con este cambio de vida.
Peter Thiel, Jeff Bezos (Amazon), Sam Altman (OpenAI), Larry Ellison (Oracle) son algunos de los magnates tecnológicos que contribuyen a financiar estas propuestas.