Colectoras, alianzas y la fractura peronista: los motores del pragmático plan "Milei 2027"
14 de julio de 2026 - 17.03
14 de julio de 2026 - 17.03
El ascenso de Diego Santilli en las líneas de poder del Gobierno tiene una particularidad que atraviesa, de vértice a vértice, la guerra intestina que ya naturalizó el triángulo de hierro. Lo eligieron los hermanos Milei, está aferrado a la conducción de Karina, pero su designación es un reconocimiento tácito a la estrategia que impulsó Santiago Caputo en 2023, cuando perdió la interna y la hermana presidencial impuso su idea del purismo, del supremacismo libertario, de las listas violetas y de ningún otro color. Al "colorado" lo pusieron en el máximo cargo del Gabinete para negociar política, financiera y electoralmente con los gobernadores y buscar acuerdos, provincia por provincia, con un único objetivo: la reelección. Si fuera un partido de Los Pumas, el caputismo podría hablar de una derrota digna.
Santilli es el kilómetro cero de una ruta que tiene como destino final la reelección de Javier Milei. Un objetivo que, si bien retomó cierto entusiasmo tras la estruendosa eyección de Manuel Adorni, el sendero inflacionario a la baja y algunas encuestas que muestran un micro rebote de la imagen presidencial en julio, se choca con una proyección complicada: nadie le garantiza al Gobierno un triunfo en segunda vuelta. Por eso el plan 2027 tiene dos patas, o dos motores. Uno, hacer crecer a Milei del piso de 30 a, al menos, 40 puntos; el otro, quebrar al peronismo dejándolo sin PASO. El plan 2027, hoy, es la reelección en primera vuelta.
Otro concepto que cruzó varios despachos de la Casa Rosada es correrse de cierta especulación estadística sobre el peronismo en segundas vueltas. Perdió las dos a las que llegó, en 2015 y 2023, pero en ambos casos siendo el gobierno vigente. O, como explica un muy influyente libertario con una parábola boxística: "Siempre que el peronismo se subió a ese ring lo hizo como dueño del cinturón, nunca como retador".
El primer paso es suspender las PASO. Para esto, están a un puñado de votos, según el poroteo que circula en la mesa política del Ejecutivo. La chance de eliminarlas está prácticamente descartada. Sin esa herramienta, los cerebros tácticos de La Libertad Avanza (LLA) apuestan a atizar el fuego de la interna opositora y que el peronismo llegue al año que viene partido e, idealmente, en dos listas. Algunas mentes febriles que militan a Milei celebraron la frase que dejó Máximo Kirchner el fin de semana: "La unidad tiene que ser con la gente y la unidad secundaria es con los dirigentes".
Si la táctica que ya se empezó a trabajar tiene éxito, la cuenta que sale en las calculadoras violetas es un Milei arañando con lo justo los 40 puntos y ningún peronista llegando a 30: así fantasean en la mesa política la reelección en primera vuelta.
Para cumplir uno de esos objetivos y que Milei pueda llegar a 40 puntos, la llave la tienen los gobernadores. El Gobierno necesita que todos los que puedan desdoblen y todos los aliados lo van a hacer. Algunos opositores, también. Despejar las elecciones nacionales de cualquier discusión provincial. Y para sellar ese pacto, Santilli mantiene reuniones con los mandatarios con un menú de opciones, a gusto del consumidor.
Hay provincias como Entre Ríos, Chaco o Mendoza, donde la negociación ya está cerrada. LLA no pondría candidatos a gobernador y allanaría las reelecciones. En el caso de Mendoza, sin reelección, dejarían el terreno libre al delfín que elija Alfredo Cornejo. Una víctima de ese acuerdo sería Luis Petri, que hace esfuerzos por no perder el cariño de los Milei y correrse de su identificación con Patricia Bullrich, hoy enfrentada con Karina Milei, y quien lo llevó a firmar el pase a LLA.
En los comicios nacionales, en todos estos casos habría lista única, de fusión, como el año pasado, colgadas de la candidatura presidencial de Milei. O queda la chance de las colectoras, algo todavía verde.
En otras, como las provincias del norte gobernadas por peronistas con peluca (Tucumán, Catamarca, Misiones), Santilli ofrece la opción de poner en pista candidatos poco competitivos -en su entorno les dicen "muletto"- para dividir a la oposición y facilitarles el triunfo.
Hay tres gobernadores, de los que oscilan levemente entre aliados confiables y oficialistas blue, que siguen con atención las negociaciones con la Casa Rosada. San Juan, Neuquén y Salta son tres provincias que LLA cree estar en condiciones de ganar en 2027. Sin embargo, si esa apuesta sale mal podría tener resultados catastróficos para el hoy oficialismo.
En San Juan, como en otras provincias gobernadas por ex Juntos por el Cambio (Chubut o Entre Ríos, por ejemplo), LLA es árbitro: si pone candidato a gobernador quiebra a la centro derecha-derecha y podría permitir la vuelta del peronismo al poder. En la provincia del aliado Marcelo Orrego, por caso, las legislativas 2025 las ganó el ex gobernador Sergio Uñac.
Algo parecido pasa en Neuquén. LLA tiene allí una buena candidata como Nadia Márquez, parte del dispositivo de Karina y los Menem, pero presentarla contra Rolando "Rolo" Figueroa signficaría partir en tres partes la oferta electoral, con el consiguiente riesgo de un triunfo peronista. "No podemos permitir que Vaca Muerta y la mayor parte de los RIGI mineros queden bajo control peronista", advierten en el Gobierno, sobre Neuquén y San Juan.
Salta es otro caso paradigmático. Karina dice que es una de las que pueden pintar de violeta y convertir en gobernadora a Emilia Orozco, quien está en campaña permanente desde hace unos años. Pero allí gobierna Gustavo Sáenz, que tiene un buen porfolio para sentarse a negociar: tres bancas en la Cámara de Diputados y una en el Senado. "Los salteños del Congreso cotizan en Bolsa", bromean en LLA.
En Córdoba es donde sí o sí LLA va a intentar competir. Trabajan en un amplio acuerdo la "fórmula del Fernet", la sociedad que sellaron Luis Juez y Rodrigo de Loredo en 2023 y que terminó pésimo. Un pacto con Martín Llaryora hoy es inviable para Santilli, más allá de gestos de índole financiero, como el anticipo de 400.000 millones de pesos que autorizó Economía para que las arcas cordobesas cubran el bache fiscal que, en todas las provincias, está dejando el derrumbe de la recaudación que se coparticipa.
Los que pusieron arriba de la mesa la oferta de habilitar colectoras fueron dos gobernadores radicales: el jujeño Carlos Sadir y el mendocino Cornejo. En la Rosada insisten con que fue allí la usina de ese plan para permitir que un mismo candidato a presidente cuelgue por debajo, en una boleta única que habrá que reformar y adecuar, más de una lista de aspirantes al Congreso nacional. La oferta era una alternativa a la suspensión de las PASO. Lo que hizo el Gobierno fue tentarse con ir a fondo con las dos cosas.
De la reforma electoral que mandó el Ejecutivo al Congreso, hoy en la Rosada se conformarían con un mix que al menos tenga la suspensión de las PASO, las colectoras con límite de adhesiones y la eliminación de los espacios publicitarios gratuitos en medios audiovisuales para todos los espacios políticos.
El desdoblamiento de las elecciones presidenciales evitaría alquimias electorales como las de Carlos Ruckauf en 1999, que fue el candidato a gobernador bonaerense de Eduardo Duhalde y Domingo Cavallo, o la de Gerardo Morales en 2015, que ganó Jujuy colgado en las boletas de Mauricio Macri y de Sergio Massa. Sin embargo, hay un condimento central para saldar la brecha temporal que dejan los desdoblamientos: la confianza.
Tanto el Gobierno como los gobernadores tienen que estar tranquilos de que los pactos que firmen se cumplan tanto en las elecciones provinciales como en las nacionales. "Esa confianza, hoy, no la tenemos", reconocen en las huestes libertarias. ¿De qué consta esa confianza? La misma fuente lo explica: "Que lo acordado en abril o mayo con los gobernadores nosotros lo cumplamos después, en las nacionales de octubre".
Santilli, al menos hoy, tiene cuerda y juego para avanzar en acuerdo con los gobernadores. En su menú hay distintas posibilidades: listas de legisladores unificadas o colectoras -si el Congreso las aprueba-, fórmulas mixtas -que LLA ponga el vice o viceversa- o dejarle la reelección a los gobernadores a cambio de poner al candidato a intendente de las capitales.
Todo ese pragmatismo, completamente novedoso después del purismo libertario impuesto en 2025 en casi todo el país, cuenta con el visto bueno de la gendarme de ese purismo, Karina Milei. "Está más abierta a negociar porque vio el abismo", dicen. Ese "abismo" fue la corrida cambiaria que le siguió a la derrota en las legislativas de la provincia de Buenos Aires, cuyo resultado sin el salvataje de Scott Bessent es imposible de medir.
Sobre ese olor a cala que recorrió las galerías de la casa de Gobierno aquellos días de septiembre del año pasado, hay otra razón para abrirse a un plan de alianzas en las provincias: los Menem dependen de muchos de esos acuerdos para que las leyes en el Congreso se aprueben. Sin aliados, aprendió Karina, no hay paraíso.