El pánico al Pac Man violeta en intendentes PRO y la evangelización del Profeta del Centro
25 de junio de 2025 - 19.12
25 de junio de 2025 - 19.12
El caso testigo lo aportó el de Lobos, Jorge Etcheverry. De los intendentes del PRO, era de los más entusiasmados con sellar un acuerdo con La Libertad Avanza (LLA), al menos hasta hace dos meses. A fines de abril, zafó de un pedido de interpelación que había presentado el bloque de concejales de Unión por la Patria (UxP), que puso la mira sobre el contrato con una empresa por el servicio de cámaras y fotomultas. Etcheverry estaba tranquilo, porque contaba con la mitad más uno del Concejo Deliberante y al peronismo le faltaban dos ediles forzar una votación. Pero los consiguió. Una banca la aportó una concejala radical, rebelde; el octavo voto fue el más ruidoso, porque llegó del monobloque libertario. Al intendente le salvó el pellejo el voto de desempate del presidente del Concejo, si no fuera por eso, el acuerdo entre el concejal libertario y el bloque peronista lo hubiera hecho caminar por la cuerda floja.
De los jefes municipales que tiene el PRO en la provincia de Buenos Aires, son varios los que sufren en carne propia la existencia de LLA. No conviven en armonía, sino lo contrario: sienten el filo de los dientes del león en los talones. Algunos, como Soledad Martínez (Vicente López) o Pablo Petrecca (Junín) están directamente en guerra. Los dos tienen algo en común: reportan a Jorge Macri. Y viven en su territorio lo mismo que vive el jefe de gobierno porteño en la Ciudad: una hostilidad incesante que amenaza con poner en jaque la gobernabilidad.
En la reunión que tuvieron esta semana, los intendentes amarillos se lo plantearon a Cristian Ritondo y Diego Santilli. Algunos hasta esbozaron la chance de ir con una lista vecinal o de arrimarse a la oferta coreocentrista que estuvo acercando a muchos distritos Emilio Monzó, uno de los armadores con más expertise en la provincia de Buenos Aires. Fue antes de que los delegados en la negociación con LLA se sienten con el consiglieri de Karina Milei, Sebastián Pareja.
El martes, Santilli volvió a poner sus coquetas oficinas en Palermo para una nueva cumbre con Pareja. Podría haber otra esta semana, para seguir ajustando el acuerdo entre LLA y el PRO, que hoy trastabillea sobre las tensiones lógicas de un cierre electoral, pero no parece correr riesgo.
En esa reunión, el armador libertario llevó la tranquilidad de que los intendentes macristas tendrán la lapicera para poner a las cabezas de listas de concejales en sus distritos. Ahora la duda es, ¿solo las cabezas? "La prioridad la van a tener los intendentes, es todo lo que podemos confirmar ahora", dicen en el PRO. "Está medio tirante eso todavía, hay que esperar un poco más", responden desde LLA. Hay tiempo. Poco, pero hay.
Lo que está decidido es que jugarán con la marca de LLA. Si en algún momento se pensó en inventar un sello para las elecciones provinciales de septiembre y usar la boleta full violeta recién en octubre, está decidido que la misma estrategia se usará en ambas paradas.
También parece cosa juzgada que el PRO no podrá aspirar a más que tres lugares entrables en la lista de octubre, en un acuerdo idéntico al que alcanzó Macri con Sergio Massa en 2013. Acá también puede surgir otro punto de conflicto, porque al Gobierno no solamente le importa cuántos, sino quiénes. "Si Macri quiere un lugar para alguien suyo, como (Fernando) de Andreis, va a ser un problema", avisa alguien que atiende en Casa Rosada. Y plantea el contraste con diputados como Alejandro Finocchiaro o Florencia de Sensi, quienes han tenido en el Congreso un rol de oficialismo casi fanático. Más, incluso, que el de algunos legisladores de LLA.
Quedó tensa la relación adentro de la Cámara de Diputados después de las nueve abstenciones en el bloque del PRO a principios de junio, cuando se aprobó un nuevo aumento a los jubilados. Son las nueve bancas que en la guerra intestina del macrismo todavía juegan con Macri. En las conversaciones con Ritondo se habló de esto. El presidente del bloque macrista aclaró que en ese grupo hay diputados que no renuevan este año y otros que no dependen en absoluto del cierre bonaerense. "Yo los puedo traer, pero me tienen que dar algo para que quieran venir", esbozó Ritondo en una charla informal.
Monzó recuperó, en los últimos días, la atención de Mauricio Macri, a quien lo invita a levantarse de la mesa de negociación con los Milei y le endulza el oído con la idea de reeditar la vía centrista, algo parecido a JxC, pero con una marca nueva. Para el expresidente esa no solo es ya una opción inviable, sino que corre el riesgo de desnudar lo profundo de su debilidad. Un colaborador de Macri lo dibuja en una imagen: "Si Mauricio se levanta y dice 'muchachos, nos vamos', muchos de los que alguna vez lo trataron como a su jefe le dirían 'andá máquina nomás, nadie te detiene'".
En el macrismo, los cantos de sirena de Monzó son el plan B. O el C. La prioridad es rescatar algo más que migajas en un acuerdo con LLA, que pondrá la boleta, la marca y el color. El violeta canibalizando al amarillo.
Monzó mantiene conversaciones con los dos Macri, Mauricio y Jorge. Trabaja en la construcción de una oferta electoral, que presente listas este 7 de septiembre en las ocho secciones bonaerenses y que corra entre la polarización entre el Gobierno y el peronismo kirchnerista. Cuando empiezan a promediar los años impares, el Profeta del Centro entra en fase evangelizadora. Comió la semana pasada con Macri (Mauricio) y hace unos días con Facundo Manes, quien este jueves se mostrará en La Plata con Juan Schiaretti, otro sobre el que orbita Monzó. Tendió líneas con el universo de Elisa Carrió, a quien fantasea como candidata en la Primera Sección Electoral el 7 de septiembre, una oferta que el lilismo ni siquiera se tomaron en serio.
Manes, además, estuvo este miércoles en Tigre con el intendente, Julio Zamora. Se sumaron los intendentes radicales Salvador Serenal (Loncoln) y Nahuel Mittelbach (Florentino Ameghino), en vecinalista Guillermo Britos (Chivilcoy) y "Juanchi" Zabaleta, ex intendente peronista de Hurlingham. Todos entraron ya en temporada de rosca.
Tiene una hipótesis Monzó: cree que el desdoblamiento de las elecciones bonaerenses es una oportunidad única para intendentes y dirigentes con alguna influencia territorial para subirse a una propuesta antigrieta, aprovechando que serán ocho elecciones diferentes y sin referencias nacionales que traccionen al resto de los cargos. Para eso, necesita caras conocidas. En esa búsqueda está, por ahora sin cartas fuertes en el mazo.
Con esa narrativa tanteó el clima en el grupo de intendentes del PRO. Su anzuelo para convencerlos es que el contexto de desdoblamiento hace subir considerablemente su cotización y que su precio es más alto que el que le ponen Ritondo y Santilli en la mesa de saldos para cerrar, como sea, un pacto con LLA. El miedo a la ola violeta en ese grupo ahuyenta, por ahora, cualquier espíritu aventurero.