El rescate ante la amenaza peronista, el ilusionista "Toto" y la campaña del León
24 Septiembre de 2025 07.00
24 Septiembre de 2025 07.00
Cuando Estados Unidos salió a su rescate, en 1995, México enfrentaba una recesión brutal y estaba al borde de la quiebra. El entonces presidente, Bill Clinton, habilitó 20.000 millones de dólares a través del "Exchange StabilizationFund (Fondo de Estabilización Cambiaria)" que, sumados a otros 30.000 millones del FMI, sumarían la friolera de 50.000 millones de dólares para mantener a flote al país con el que comparte casi 3.200 kilómetros de frontera y que es, además, uno de sus principales proveedores. En ese año, el PBI mexicano se había derrumbado un 30% -de 554.000 a 380.000 millones de dólares- y el mundo entero hablaba del "efecto Tequila". México era el epicentro de un terremoto que amenazaba con hacer temblar a la economía global.
No hay un solo punto de contacto entre ese contexto y el que hoy lleva al Tesoro de los Estados Unidos a tirarse encima de la granada que se le activó a Javier Milei en medio de su primera campaña electoral como presidente. Si se atendiera la única explicación que aportó el Gobierno hasta acá, el salvataje que anunció el secretario del Tesoro norteamericano, Scott Bessent, es para frenar una crisis interna que se desató por una derrota en una elección local, en una de las 24 jurisdicciones en que está dividida la Argentina. La obstinada negación de Milei y su equipo económico a admitir que el modelo libertario conducía a las finanzas públicas hacia el abismo del default obliga a caer en ese simplismo. Es un rescate electoral, solo explicable por la presencia de Donald Trump en el sillón del Salón Oval.
Esa afirmación, la del rescate electoralista, no es caprichosa: es literal. Lo escribió el propio Trump en su cuenta de TruthSocial. "Javier Milei is a very good friend, fighter, and WINNER, and has my Complete and Total Endorsement forRe-Election as President (Javier Milei es un muy buen amigo, luchador y GANADOR, y tiene mi Completo y Total Respaldo para su Reelección como Presidente)", sostuvo Trump en el posteo que hizo imprimir para entregarle en una carpetita a su par argentino, como si fuera una especie de diploma, o de premio. Es decir: Trump aclaró, taxativamente, que el apoyo es para que Milei sea reelecto y que, para eso ocurra, primero necesita que termine su mandato.
Pero no es esa la única definición de tinte electoralista en el post de Trump. En otro tramo, define al gobierno anterior, al del Frente de Todos, como Radical Left (izquierda radical)". El magnate quiere la reelección de su amigo y, para eso, lo ayuda a combatir el cuco comunista, que tanto Milei como Trump identifican en el peronismo, la principal fuerza opositora, que gobierna varias provincias, ocupa la mitad de las bancas del Senado y el 35% de la Cámara de Diputados y que viene de arrasarlo en las urnas en el principal distrito del país, en unidad, en la elección que el mismísimo Gobierno identifica, en su negación, como la única razón de la crisis que hizo temblar los cimientos del modelo libertario.
Un excompañero de Luis Caputo en el equipo económico que tuvo Mauricio Macri cuando le tocó ser presidente define al actual ministro de Economía como un ilusionista de expectativas. Un hombre capaz de hacer lo que fuera necesario para generar en el mercado las sensaciones que le permitan superar un par de jornadas cambiarias traumáticas. La paz urgente al costo que sea. Lejos de ser un experto en macro economía, Toto es lo que es: un hombre de mesa de dinero o, como lo define su ex compañero, un bolsero.
Caputo no toma decisiones sobre un plan económico, un programa, ni siquiera una guía. "Vive el día a día", sostiene el hombre que lo vio trabajar. Recuerda que, un día, despilfarró una suma exorbitante de dólares en el Mercado Libre de Cambio (MLC). Le advirtieron que era una jugada demasiado cara para el erario público y que, en el corto plazo, la solución que estaba planteando podía ser peor que el problema que estaba intentando evitar. "Un día es un siglo acá adentro", le respondió el por entonces presidente del Banco Central (BCRA).
Para el ex funcionario consultado, la voluntad de apoyo del secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Scott Bessent, entra en ese cuadro. Un shock de expectativas, una jugada sacada de una galera para frenar lo que era un lunes trágico garantizado para el Gobierno. Un puente para sortear la catástrofe inmediata, una pelota revoleada a cualquier lado, que aleja el peligro inminente, al menos hasta que la pelota vuelva. ¿Por cuánto tiempo? El especialista dice que a esa pregunta se la responde con "el teorema de De Pablo". La referencia es al economista y habitué de los domingos de ópera en la Quinta de Olivos al que, antes de conocerse el espaldarazo del norte, la preguntaron hasta cuándo aguantaban las reservas que había en el BCRA. "solo Dios sabe" respondió, citando, tal vez sin intención, a -probablemente- la obra más bella que haya salido de la creatividad infinita de Brian Wilson.
La confusión total en la que cayó el Gobierno después de la paliza electoral del 7-S derivó en que, en pocos días, Milei pase de su versión gatito sosegado en la cadena nacional del lunes 15, donde obvió calificaciones como ratas o degenerados fiscales para llamar a trabajar "codo a codo" a "gobernadores, senadores y diputados", a ponerse la incombustible campera de cuero del león gritón, combativo, que tantos réditos le dio. No se trató de un estado de ánimo cambiante, sino de una estrategia. La moderación no alcanzaba para recuperar votos blandos y empezaba a poner en riesgo votos duros, los que lo eligieron justamente por su versión león.
Este giro en la campaña, que ahora tienen en sus manos Santiago Caputo y la karinista Pilar Ramírez, responde a una idea: que el Milei león es el que puede recuperar votos en los sectores populares, donde más perdió La Libertad Avanza (LLA) en el conurbano bonaerense, entre 2023 y 2025, dato muy bien medido por el Instituto Universitario CIAS. Por eso, además, la campaña tiene una sola cara. La cara del Presidente.
Esto ya quedó plasmado en los primeros spots publicitarios. En todos está Milei, los que cambian son los candidatos. Ya no hay guerra contra la casta, no hay batalla cultural, hasta el "kirchnerismo Nunca Más" desapareció. La figura es la del Presidente y la apuesta es plebiscitar la gestión.
LLA aceptó la lógica de que en las elecciones de medio término lo que se evalúa es el Gobierno nacional. Y en esa evaluación, elige que todo se centre en la figura del Presidente. No porque esto sea garantía de éxito, ni siquiera de un resultado que permita hacer volar globos violetas por todo el país. Es, de todas las opciones con las que cuentan, la menos mala.