Karina vs. Patricia: gambito de dama en la nueva guerra fría por el Adornigate
08 de mayo de 2026 - 14.51
08 de mayo de 2026 - 14.51
"¿Cómo una elección a legislador me lleva, dos años después, a ser jefe de Gobierno? No va a pasar eso. El tema político no me gusta en ninguna de sus aristas. La campaña electoral no me gusta". Manuel Adorni hizo a un lado, por un rato, su traje, su corbata y su soberbia pedante. Sereno, y hasta cabizbajo, se sentó frente a Alejandro Fantino disfrazado de hombre común. Se puso un saquito arriba de una camisa a cuadros rojos y negros con botones blancos perlados, de los que cierran a presión, y confirmó lo obvio: su carrera como cuadro electoral está acabada.
Con su amigo out, Karina Milei se quedó sin el tabique para frenar toda aspiración de Patricia Bullrich. Lo tenía anotado para dos posibles lugares. Como candidato en la Ciudad o como compañero de fórmula de Javier Milei, en caso de cerrar un pacto con Jorge Macri en 2027. Dos puestos apetecibles -y hasta lógicos- para la senadora, por los que competía directamente contra el jefe de Gabinete. Sin Adorni, el territorio porteño se despeja para Bullrich. ¿Solo ese territorio? Es la duda que atormenta a la hermana del presidente. Obsesionada y fanatizada con la reelección de su hermano, ahora ve en la ex ministra de Seguridad una amenaza mucho más grande. Una amenaza nacional, ya no meramente porteña.
Mediaba entre ambas, hasta acá, una relación fría, tensa, que transitaba entre abrazos diplomáticos y desconfianzas mutuas. Hoy la secretaria general de la Presidencia puso directamente sus misiles en dirección a Bullrich. Si la presidenta del bloque libertario en el Senado tiene un plan presidencial, alternativo al de los Milei, Karina no puede verla de otra forma que como una enemiga. Y Bullrich lo tiene. Siempre lo tuvo. Hace años que lo tiene.
Bullrich es el termómetro político de los gobiernos que integra. Si cada uno de ellos fueran un avión, Bullrich sería la azafata. Así como en un vuelo hay que preocuparse cuando a la azafata se la ve nerviosa, cuando se sienta y se apura en colocarse el cinturón de seguridad, la turbulencia en un gobierno es seria cuando Bullrich empieza a desmarcarse. Como ministra de Trabajo, le presentó la renuncia a Fernando de la Rúa el 29 de octubre de 2001. 52 días después, a las 19:37 del 20 de diciembre, el último presidente radical renunció, se subió a un helicóptero en el techo de la Casa Rosada y nunca más volvió a la función pública. De Mauricio Macri se alejó tarde. En su fuero íntimo cree que pagó ese costo en las presidenciales 2023.
Hay movimientos de distracción. Este viernes, Bullrich desembarcó en modo campaña en la Ciudad. Caminó Villa Lugano, pero no lo hizo sola. Fue con Pilar Ramírez, mano derecha de Karina y gendarme de los intereses libertarios en el territorio porteño. Lo que se podría leer como una especie de desembarco monitoreado.
En el posteo que Ramírez hizo en sus redes de esta caminata, mencionó que el día anterior hizo lo mismo con Federico Sturzenegger. Difícil no interpretar esa aclaración, narrativamente innecesaria, como un aviso a Bullrich: aún sin la opción Adorni, ni sos la única en campaña, ni sos la única carta disponible. Un "no se hagan los rulos" color violeta.
Bullrich no le pidió a Milei que lo eche a Adorni. Tampoco le presentó un ultimátum. No hubo un "él o yo". La relación entre ellos no permite ese nivel de frontalidad. Se vieron cara a cara hace algunos días. Sí le dijo que el Gobierno estaba "política y comunicacionalmente trabado" por el Adornigate y que eso iba a tener un correlato directo en el Congreso, cuando se dispongan a tratar los proyectos que necesite el Ejecutivo. O sea: no le pidió que eche al vocero y jefe de Gabinete ni le presentó un ultimátum, pero casi.
Unos días después de eso fue a A24 a pedir que Adorni presente de una vez su declaración jurada. Se venían cositas, había adelantado con algo de suspenso. Esas cositas las hizo en una pantalla de televisión. De las peores cosas que se le pueden hacer a Karina Milei.
"Patricia le dijo lo mismo que sabemos todos", confirmó un estrecho colaborador de Bullrich. ¿Y qué es eso que saben todos? "Estamos todos hinchados las pelotas. No hay ministro o legislador que no esté hinchado las pelotas con esto. No podemos salir del tema", cerró la confesión.

El despegue de Bullrich tiene un sentido: empezó a pagar en términos personales los costos del derrumbe de imagen del Gobierno y el arrastre del escándalo de viajes y propiedades de Adorni. La encuesta de Atlas Intel, realizada a fines de abril, reveló cómo la senadora cae en la misma bolsa que el resto y anclada a un tema que es su leit motiv, el discurso anti corrupción.
A Macri le cayó mal, pero lo entendió. En una de las reuniones que tuvo en su ronda de consulta con hombres del círculo rojo le preguntaron cómo estaba su relación con Bullrich. Fue varios días antes de que el ex presidente se cruzada con su ex ministra de Seguridad en la cena de la Fundación de Libertad, donde se dejaron ver entre risas y abrazos. Otras fuentes dicen que esa misma consulta, sobre la salud de vínculo, surgió en más de una de esas reuniones. Como si esos empresarios, que empiezan a explorar la posibilidad de un proyecto alternativo de poder a Milei, se sintieran más confiados si la cabeza de ese plan fuera Bullrich y no él.
En su encuesta de abril, la consultora Proyección tiene arriba a La Libertad Avanza (LLA), con 34%, segundo a Unión por la Patria (UxP), con 32,8% y tercero lejos al PRO, con 8,7%. En febrero, justo antes de la exposición del Adornigate, la misma consultora tenía a LLA en 43,6% y al PRO en apenas 3,8%. Es decir: en dos meses, la marca libertaria cayó casi diez diez puntos y la macrista capturó al menos la mitad de esa caída.

Paradojas de la política, Adorni fue la cabeza del martillo que le puso el primer clavo al cajón del PRO, en las elecciones porteñas de 2025, y el que se preparaba para ponerle el último, el año que viene. Hoy, son sus gastos exorbitantes y su discutible sentido de la estética los que le dan al macrismo un aire, aunque todavía mínimo, de revitalización.
Mientras moviliza sus siempre activos vínculos con el círculo rojo, Bullrich parece haber entrenado nado sincronizado con Guillermo Francos. Un día después de que la senadora se convirtiera en la primera oficialista en reclamar públicamente que Adorni presente su declaración jurada de una buena vez, el antecesor de Adorni se convirtió en el segundo. Curioso que salieran exactamente con el mismo discurso justo cuando el exfuncionario de Milei anda de rotation en medios anunciando que quiere ser candidato a algo en 2027. ¿Candidato de Bullrich?
Hay otra alerta que se le encendió a Bullrich. Después de un retorno más que exitoso al Congreso, debutando como jefa de bloque con la aprobación del Presupuesto 2026 y la reforma laboral, el cielo parlamentario empezó a encapotarse para el oficialismo. Con vibes 2025, cuando la oposición se coordinó con una amplia mayoría para aprobar las emergencias y voltear vetos y decretos del Ejecutivo, esos acuerdos empiezan lentamente a retomarse.
Por un lado, un grupo heterogéneo de diputados -de socialistas a radicales, de Nicolás Massot a Myriam Bregman- pidió sesionar el jueves 14 y llevar al recinto todos los proyectos que hay pendientes para que Adorni brinde explicaciones sobre su patrimonio. Ninguno tiene dictamen y no llegarán ni de cerca a los dos tercios necesarios, pero el objetivo es aprovechar el recalentamiento de la interna libertaria y que el Congreso sume leña a ese fuego. Un dato: el bloque peronista no se sumó a este plan, por "diferencias de estrategia", según explicó uno de los diputados que impulsa la iniciativa. Eso no significa que, llegado el día, UxP no baje a sesionar. Cuentan con ellos.
Además, Miguel Pichetto y dos diputadas kirchneristas, como Julia Strada y Vanesa Siley, firmaron juntos una iniciativa de salvataje para micro, pequeñas y medianas empresas. Una agenda nacional y sensible para medir, quizás, hasta dónde llega el acuerdo de pax entre los gobernadores y la Casa Rosada.
Bullrich, experta en picardías parlamentarias, entiende lo que hay detrás de esos movimientos. Esto fue lo que le avisó al Presidente que podía pasar el día que no le pidió que eche a Adorni ni tampoco amenazó con irse. Pero casi.