Cristina Fernández de Kirchner. — .

El plan que Miguel Ángel Pichetto le llevó a Cristina Fernández de Kirchner, el de construir un frente "capitalista y productivo" para contraponer al gobierno libertario, a lo Lula 2022, se choca con una dificultad efectiva, concreta. Los límites que en noviembre pasado le impuso el tribunal a cargo de la ejecución de la condena de la expresidenta se transformaron en una restricción política exitosa, eficaz. Cristina se quedó sin rosca.

La visita del hoy diputado -y, antiguamente, jefe de la bancada en el Senado en la era de oro del kirchnerismo- al departamento en el que la ex presidenta cumple prisión domiciliaria fue una excepción absoluta. Cristina no está en un plan de construcción de un cordón sanitario para aglutinar en un frente a todo lo que no se referencia en el presidente Javier Milei, todo lo que no está pintado de violeta y todo lo que rechace cualquier cosa que contenga la letra K. No hubo viejos rivales que hayan pasado por su casa, ni siquiera ex aliados y hoy distanciados. Lo de Pichetto, con quien no hablaba hacía diez años, fue un reconocimiento a su posición histórica. "Miguel siempre dijo lo mismo, desde el desafuero para acá", dicen cerca de CFK.

José no es Gaspar.

San José 1111 no es Gaspar Campos 1065. Y si San José no es Gaspar Campos es, principalmente, por la decisión del Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°2, del 19 de noviembre de 2025, que limitó las visitas a Cristina -a excepción de su familia y sus colaboradores más cercanos- a dos por semana, de no más de dos horas y de no más de tres personas a la vez. Eso dispuso el juez Jorge Gorini, dos días después de un encuentro de CFK con un grupo muy nutrido de economistas, a los que recibió en su casa.

A excepción de su familia -principalmente, sus hijos-, sus secretarios -Mariano y Diego- y la mujer que trabaja en su casa en tareas domésticas, cualquier otra visita se contabiliza como alguno de los cupos dispuestos por la Justicia. De los hombres de la política, el que tiene la entrada franqueada casi como un semáforo siempre en verde es Juan Manuel Olmos. Ya es, prácticamente, parte de su staff. Sergio Massa también pasa seguido por el departamento de Constitución, aunque su presencia se redujo. Ahora, buena parte del vínculo entre ellos es a través de Telegram. Si hubo un plan del TOF 2 de limitar las posibilidades políticas de Cristina, el objetivo se alcanzó con éxito.

Besos por celular.

Uno de los más históricos colaboradores que tiene Cristina, que la acompaña desde sus tiempos como presidenta, no le ve la cara desde que Gorini aumentó las restricciones. Pasó de un vínculo diario, personal, directo, a solo contactarse en forma digital. Lo mismo pasó con gran parte de su equipo. Muchos de ellos, no la vieron nunca más. Estratégicamente, decidieron no utilizar los cupos de visitas para el día a día de su estructura, sino reservarlos para reuniones más trascendentes. 

Otro dato: las restricciones no solo tuvieron un efecto político, no solo se convirtieron en una especie de corsé para el accionar de la presidenta del PJ. También tuvo un impacto personal, anímico, en Cristina. Una dirigente kirchnerista que pudo verse con su jefa reconoció, off the record, que se fue de ese encuentro preocupada. El aura de la líder ya no es el mismo. 

"Se quejan de que no dijo nada de la reforma laboral, que no intervino. ¿Cómo se iba a involucrar si no puede ver a nadie?", se preguntan en el comando cristinista. La ex presidenta está, políticamente hablando, desactivada.

Quién tira la primera piedra.

En el equipo de Cristina contabilizan una sola visita de Axel Kicillof a San José 1111. Fue el 1 de octubre, cuando los controles de ingreso todavía eran laxos, cuando lo que discutían en las pantallas era si bailaba o no bailaba en su balcón y cuando el peronismo avanzaba en el cierre de listas para las elecciones del 26 de octubre. Elecciones que perdió.

En ninguna de las dos terminales rompen ese silencio. El gobernador bonaerense, mide su relación con Cristina a partir de la conveniencia -o inconveniencia- de esa relación para su plan presidencial. El destete tiene esas cosas. Del lado de la dirigente detenida, exponen esa misma condición: "No tenemos drama en verlo. Toca la puerta y entra. Es una decisión de Axel visitarla o no. Es ella la que está presa".

Sin oposición, pero con inflación.

En las encuestas que mira, Cristina ve un patrón. Por un lado, que las dificultades que muestra el Gobierno para seguir aplastando la inflación van esmerilando, lentamente, la imagen del Presidente; por otro, que nada ni nadie en la oposición capitaliza eso, que no surge una figura que acumule lo que Milei pierde y que el panorama es cualquier cosa menos alentador.

En el último trabajo de Management & Fit se consolida la inflación como la principal preocupación de las personas encuestadas. Hace apenas dos meses estaba tercero en el ranking de preocupaciones, por detrás de la pobreza y la corrupción. Pero la imagen presidencial sigue relativamente estable: la negativa creció dos puntos, llegó a 46%, y se mantuvo dentro de los márgenes históricos.

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La tobillera política.

En cambio, la política sigue desorientada y, ante esas dudas, por las dudas corren en auxilio del vencedor. 

Un relevamiento de La Sastrería, la consultora de Raúl Timerman, contabilizó que en los primeros dos años de gestión, Milei apenas consiguió que un 18% de la Cámara de Diputados y un 10% del Senado nunca le voten en contra. Después de la renovación parlamentaria de diciembre, esos pisos crecieron al 52% en la Cámara baja y al 47% en la alta. Con estos números, el oficialismo consigue en el Congreso más votos, en términos porcentuales, de los que consiguió en octubre, en las urnas.

Tal vez esto explique por qué en su discurso del 1 de marzo Milei decidió abandonar su posición dogmática contra todo el Congreso, al que le dio la espalda al asumir y al que llamó "un nido de ratas", para concentrar sus cañones en el kirchnerismo. Acumulación de todo el universo no K, por un lado; y subiendo al ring a un rival con manos atadas, como Cristina y todo su armado. Una tobillera, la de Cristina, que además de electrónica es política.