La resiliencia de Karina, la revancha de los ignotos y la reposera de Valenzuela
27 Octubre de 2025 18.06
27 Octubre de 2025 18.06
Una de las autoridades de la Universidad de Belgrano irrumpió en un salón y preguntó si alguien quería participar de una charla que iba a dar Alejandro Fargosi, quien ya esperaba en un aula contigua. "¿Quién?", respondieron desde los pupitres. "El candidato de La Libertad Avanza (LLA) en la Ciudad", aclaró el personal docente. Nadie quiso ir y la clase continuó sin sobresaltos. Al abogado tuitero le armaron, de urgencia, una audiencia improvisada con ocho alumnos de otros cursos. Diez días después, ese candidato completamente desconocido para estudiantes universitarios sacó el 47% de los votos en la Ciudad de Buenos Aires.
En la provincia de Buenos Aires estuvo el casillero que más cruces sumó en todo el país. Fue en la lista en la que se veían a un candidato renunciado por sus presuntos vínculos con el narcotráfico y a una candidata que cree que quienes no la votan son enfermos mentales. En Córdoba, un ignoto empresario de 45 años, debutante en las urnas, consiguió más votos que la suma de las listas que lideraban los dos apellidos más determinantes de esa provincia en, al menos, los últimos 25 años: Schiaretti y De la Sota. Un joven de 25 años criado en un country rompió el pronóstico de tercios en Santa Fe y dejó 20 puntos atrás a la lista del gobernador que reformó la constitución para ser reelecto.
Hay múltiples formas de enfocar los resultados de este domingo, pero una de esas es que la marca de LLA pintó de violeta el país, como pronosticaba Javier Milei hace meses y como en el propio Gobierno creían que ya no iba a pasar. Un resultado resiliente para Karina Milei, que le da al presidente tiempo y espalda para armar el gabinete con el que va a encarar la segunda mitad de su mandato, sin necesidad de fusibles urgentes. El salto del enfant terrible Santiago Caputo a un cargo formal será entonces una decisión estratégica y no un manotazo de ahogado.
La foto, además, parece mostrar un nuevo suceso: si sacó más del 40% de los votos con la economía en recesión, el consumo desplomado, los ingresos congelados, el costo de vida encarecido pese a la baja de la inflación y el desempleo como amenaza, tal vez la escudería libertaria haya encontrado su nuevo piso. La idea de que se trata del número histórico de rechazo al peronismo parece, en esta ocasión, quedar chica como lectura.
"¡Les rompimos el orto!". Desaforada estaba Sandra Petovello en la intimidad del búnker de LLA. Gritaba, abrazaba a todo el que se cruzaba. En un rincón, Patricia Bullrich hacía una videollamada con su familia, mientras se agitaba el trío del PRO que intentará capitalizar el resultado en la PBA: Diego Santilli, Cristian Ritondo y Guillermo Montenegro. La euforia se extendía al subsuelo del Hotel Libertador, reservado para la ultra intimidad familiar de los Milei y el círculo más cercano, al que solo se accedía con una pulsera. Una pulsera violeta, naturalmente.
Unas horas antes, en las oficinas que tiene el PRO en las inmediaciones del Congreso, junto a la Confitería del Molino, Ritondo no lograba contener su asombro a medida que le llegaban resultados de los distintos municipios. Venían de grandes ciudades del interior, que daban vuelta lo que había ocurrido apenas un mes y medio antes, en las legislativas bonaerenses. Antes de las 19 confirmaban que ganaban Morón. Fue decisivo. Ya sabían que iban a ganar la provincia y que Santilli debería ir a Carajo a cumplir con su promesa: raparse.
La ausencia de terceras fuerzas y la mayor participación, los dos cambios más importantes respecto al 7-S, le permitió a LLA ganar municipios que había perdido hace un par de semanas en manos de Fuerza Patria, como Junín -pasó de 12.555 votos a 26.212 entre el 7-S y el 26-O-, Pergamino -de 14.984 a 30.595- o San Nicolás -de 14.613 a 39.686-. Lo mismo pasaba en La Plata -pasaron de 144.143 a 173.880 votos- y en varios distritos del conurbano.
Ante ese nuevo escenario, de concentración del voto no peronista y de incremento de votantes -muchos de ellos impulsados por el miedo al abismo que habían olido después de la catástrofe libertaria del 7-S-, LLA consiguió ganar en siete de las ocho Secciones Electorales bonaerenses. Hace unas semanas, había perdido seis de las ocho.
En Fuerza Patria (FP) veían la tendencia adversa desde algunos días antes. La encuesta gigante y permanente que hace el massismo vía Inteligencia Analítica, la consultora de Marcelo Escolar, mostraba una diferencia de LLA a nivel nacional y un achique muy importante en territorio bonaerense. El último corte les daba tres puntos arriba a FP, pero con el peronismo cayendo, o el oficialismo nacional, en alza.
Un dato llamó la atención al revisar los resultados del escrutinio provisorio. LLA creció en todos los municipios de la PBA. En todos, menos en uno. En Tres de Febrero, la lista violeta cayó de 85.665 en septiembre a 81.930, en el recuento provisorio de octubre. El 7-S, el candidato libertario en la Primera Sección electoral había sido, justamente, el intendente de ese distrito, Diego Valenzuela. De los primeros en probar el body painting violeta, enfrentándose con el mismísimo Mauricio Macri y la conducción del PRO bonaerense.
"Se ve que los peronistas no fueron los únicos intendentes en agarrar la reposera", comentó un operador bonaerense resentido.
El pase de facturas interno arrancó el domingo a la tarde y todavía no paró en Provincias Unidas. Los principales señalamientos apuntan a Guillermo Seita, a quien le sindican el plan de nacionalización de una propuesta que venía a terciar en la polarización y terminó sacando siete puntos y perdiendo en todas las provincias que gobiernan, a excepción de una pírrica victoria radical en Corrientes. En tres de ellas, Santa Fe, Chubut y Santa Cruz, las listas de los gobernadores quedaron terceras. El panorama para este sello es de debut y despedida, de experiencia fallida. De olor a cala.
"Arrancamos diciendo que íbamos a poner un presidente en 2027 y mirá dónde terminamos", se lamentó un operador que orbita ese armado que, con el diario el lunes en la mano, detecta errores que ahora parecen obvios. Entre ellos, la elección de los candidatos en el AMBA, Florencio Randazzo en la PBA y Martín Lousteau en la CABA. "Militamos la eliminación de las retenciones y fuimos en la lista con el que firmó la 125", sumó un memorioso asesor de una de las provincias en cuestión.
En las usinas de ese incipiente y ya debilitado sello, se frotaban las manos con sacar dos dígitos a nivel nacional. Hablaban de entre 12 y 15 puntos, ganando Córdoba y Santa Fe, y gestando una tercera fuerza parlamentaria. Se entusiasmaron con la debacle libertaria del 7-S bonaerense y creyeron que podían subirse a esa ola. Hoy, Maximiliano Pullaro no sabe cómo hará para conseguir los votos que le permitan hacer uso de la reelección que él mismo militó en la reforma constitucional y en el gobierno de Chubut ya no ven tan mal haber quedado a ocho puntos de LLA y a siete del peronismo. Pese a salir terceros, el resultado final los dejó más cerca que lo que quedaron Pullaro en Santa Fe o Juan Schiaretti en Córdoba. Cada uno se consuela como puede.