Javier Milei, Luis Caputo y Kristalina Georgieva.
Javier Milei, Luis Caputo y Kristalina Georgieva. — Archivo

Desde el anuncio del rescate de los Estados Unidos, la mañana de ese lunes 22 de septiembre que amanecía bajo la amenaza de una corrida cambiaria con la voracidad de un tsunami, la gestión del gobierno argentino ha conseguido hasta ahora un cruce breve entre Javier Milei y Donald Trump en el marco de la asamblea de la ONU, una cumbre programada en el Salón Oval entre ambos el 14 de octubre, un posteo de Trump en Truth Social impreso en una carpetita y otras tres publicaciones plagadas de promesas del secretario del Tesoro norteamericano, Scott Bessent, en su cuenta de X. A hoy, son más los dólares gastados en los hoteles en los que se hospeda el equipo económico en Washington desde la semana pasada que los que ingresaron por el salvataje prometido. 

En este escenario cobra más relevancia la descripción que hizo un excompañero de Luis "Toto" Caputo en el equipo de Mauricio Macri. El ministro de Economía -y ahora también un neo fanático anti comunista-, está haciendo gala de su expertise como ilusionista de las expectativas, sosteniendo la balsa a flote a fuerza de posteos y quema indiscriminada de reservas. La pregunta es, ¿hasta cuándo? Solo en una semana se consumió más de 2.000 millones de dólares, casi la totalidad de dólares que compró durante la liquidación del campo con retenciones cero.

Hay dos hitos que dejó el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, en este mismo lapso de tiempo, que el Gobierno logró meter a escobazos debajo de la alfombra. Uno, es cuando "Messi" Bessent -como lo considera Milei- dijo que el acompañamiento de Trump era de carácter electoral; otro, cuando avisó que no iban a poner un dólar de los estadounidenses en la Argentina, más allá de un swap, es decir, un intercambio de monedas. Las artes del mago Toto lograron neutralizar el impacto de esa frase. Pero esa advertencia, que no van a poner un dólar en el país, se viene cumpliendo. La fase de unboxing no llega más.

A Trump le estalló un conflicto local en medio de su apuro por salvar a su amigo Milei. La imposibilidad de llegar a un acuerdo con los demócratas para aprobar su presupuesto impactó de lleno en las chances argentinas de seguir tomando deuda en dólares. Un socio fundador de La Libertad Avanza (LLA) se anima a una comparación difícil. Recuerda cuando el gobierno de Fernando de la Rúa esperaba un salvataje que parecía encaminado hasta que el atentado a las Torres Gemelas lo detonó. Ya sabemos cómo terminó eso. Igualmente, la fuente aclara con rapidez que la cita es solo por la coincidencia cronológica y la suerte en contra, pero que no ve ni atisbos de un resultado similar. Imágenes como las que se registraron el lunes en el Movistar Arena tampoco colaboran para que el sistema político de los Estados Unidos se vea estimulado a explicarles a sus contribuyentes por qué es conveniente para ellos el envío de miles y miles de millones de dólares a un país al que, muchos de ellos, tendrían serias dificultades para señalar en un mapa.

Por esto, la chance que evalúan en el Palacio de Hacienda es volver a pedirles dólares a los bancos privados por la vía del "repo", como ya hicieron hace unos meses, pero ahora con garantía de DEGs del FMI, avalados desde Washington. 

Estoy perdiendo imagen a tu lado.

"El éxito del plan económico argentino dependerá del acompañamiento de la gente". La frase, temeraria, salió este miércoles de la boca de la mismísima Kristalina Georgieva, jefa del FMI, uno de los vehículos que podría usar los Estados Unidos para seguir regando de dólares la Argentina sin usar los recursos del Tesoro. El problema de esto es que si ese acompañamiento ya venía condicionado, el estallido del caso de José Luis Espert, que concluyó con su renuncia a la candidatura envuelto en un escándalo por haber recibido 200 mil dólares del presunto narco Fred Machado, empeoró la foto todavía más.

La estrategia de apostar todo a la marca violeta que instaló Karina Milei en todo el país, ninguneando la importancia de los candidatos, sufrió un palazo el 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires. El recálculo es una campaña nacional en torno a una sola figura, la del presidente. Lo desalentador, para los intereses del oficialismo, es que si Milei ya venía con una imagen en declive, el caso Espert lo terminó de hundir. 

En su última medición, la consultora Zuban-Córdoba hizo un doble click, midiendo el antes y después del vendaval que dejó Espert balbuceando en televisión, sin poder responder sobre su relación con Machado. Entre principios de septiembre y fines del mismo mes, la imagen de Milei se desplomó a sus peores números históricos: la positiva pasó de casi 40 puntos a 36 y la negativa trepó arriba del 63%.

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Obsesionado con las encuestas, hay otro dato que exaltaría los nervios sensibles de Milei. Según el trabajo que mes a mes vienen haciendo en sociedad la consultora TresPuntoZero, de Shila Vilker, y La Sastrería, de Raúl Timerman, la debacle en la imagen presidencial se desplomó a una velocidad tan alta que ya es peor que la de Cristina Fernández de Kirchner, la ex presidenta condenada y presa por hechos de corrupción. 

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Un pacto para (sobre) vivir.

Después de la segunda reunión que mantuvo con Mauricio Macri en pocos días, el viernes pasado, el presidente posteó: "Acordamos trabajar en conjunto, a partir del 27 de octubre, para construir los consensos necesarios que nos permitan avanzar en las reformas estructurales que necesita el país". Extraño que Milei crea que los acuerdos de gobernabilidad que le exige Estados Unidos y el FMI para proveerle más dólares sean con un actor político que no controla gobernadores ni intendentes y al que solo le responden un puñado de diputados y diputadas que solo le han negado su apoyo a LLA en el Congreso cuando su voto no era decisivo. Eso sin mencionar que Macri es, entre las figuras que siguen midiendo, la que peor imagen tiene. Por lejos.

En cambio, perdió mucho el Gobierno al descuidar la relación con los gobernadores que se agrupan en Provincias Unidas. El sello que lidera Juan Schiaretti y que agrupa a los gobernadores Martín Llaryora (Córdoba), Maxi Pullaro (Santa Fe), Ignacio Torres (Chubut), Gustavo Valdés (Corrientes), Carlos Sadir (Jujuy) y Claudio Vidal (Santa Cruz) se proyecta como la fuerza de equilibrio después de la renovación parlamentaria. Si, sumados, sacan el 10% de los votos a nivel nacional, podrían quedarse con 26 diputados y seis senadores, según la proyección que hicieron TresPuntoZero y La Sastrería. Un porcentaje ambicioso, es cierto. Las principales mediciones hoy dan a este espacio por debajo de las dos cifras.

El índice Romero.

Es interesante igualmente ver cómo este grupo fue garante de gobernabilidad, sobre todo, en el primer año de gestión libertaria. Y el termómetro ideal para entender cómo la Casa Rosada fue perdiendo línea con este grupo son las votaciones de Ana Clara Romero, la delegada de "Nacho" Torres en Diputados. 

En 2024, Romero acompañó la ley bases y el paquete fiscal -como todos los gobernadores de Provincias Unidas-, estuvo ausente en las votaciones de aumento de jubilaciones -el voto original y el rechazo al veto- y votó en contra de la ley de financiamiento universitario -tanto la votación original como el veto-. Este año empezó a distanciarse lentamente, con abstenciones en aumento a jubilaciones, financiamiento universitario -un año antes los votó en contra- y la emergencia pediátrica. Ya sobre el final del año y con la campaña encaminada, sus votaciones fueron full opositoras: rechazó los cuatro vetos presidenciales, a las jubilaciones, las universidades, las personas con discapacidad y la emergencia pediátrica. Casi que se podría hablar de un "índice Romero".

Otros delegados en la Cámara de la mini liga de gobernadores, como Carlos Gutiérrez (de Schiaretti), Ignacio García Aresca (hermano de la vida de Llaryora) o Melina Giorgi (de Pullaro) ya habían marcado distancia desde 2024, aunque todos levantaron la mano para la ley bases que le dio los superpoderes a Milei y su ministro de motosierra, Federico Sturzenegger.