Cristina Fernández de Kirchner en un acto en Plaza de Mayo el 25 de mayo de 2023 — Foto: CFKArgentina (X)

Anoche venció el plazo para la inscripción de listas de candidatos para conducir el PJ nacional y se presentaron dos opciones: una encabezada por la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y la otra encabezada por el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela. Una recta final del proceso traumática para un peronismo en estado de caos que, por ahora, tendrá que votar el 17 de noviembre.

Lo más importante.

La división entre dos opciones electorales esconde un conflicto mucho más profundo que venía madurando a lo largo del año y tuvo, finalmente, su destape esta semana: la interna entre Cristina Kirchner y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, a quien la exmandataria comparó con los villanos de la Biblia.

La frase.

La frase "Los Poncio Pilatos y los Judas en el peronismo no van más" atribuida a Cristina en la reunión en SMATA surge de trascendidos difundidos por su propio espacio político que luego serían validados en X por la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, que citó la textual y compartió una nota de ABC que explicaba quiénes fueron los dos personajes bíblicos referidos. Un mensaje que va bastante en línea con la sorpresiva pasión por la criptografía y las comunicaciones cifradas a decodificar que han desarrollado los principales referentes camporistas estos últimos meses. 

Judas y Poncio Pilato.

Judas alude a la traición, y si bien de esa conducta acusan desde el cristianismo al gobernador bonaerense por "desconocer" a quién "lo puso en ese lugar", una interpretación más generosa podría explicar que la referencia es a diputados y senadores peronistas que votan con el Gobierno. Sin embargo, "Poncio Pilatos", el que se "lavó las manos", está claramente asignado a Kicillof. Desde La Cámpora le cuestionan su no posicionamiento en la interna y, para terminar con las especulaciones, el propio senador Oscar Parrilli confirmó que en el gobernador de Judea que, según los evangelios, delegó la decisión de la crucifixión de Jesús en el pueblo para no hacerse cargo, ven al último ministro de Economía de los 12 años kirchneristas.

El otro personaje.

La otra figura que, en otra ocasión, fue utilizada como parámetro de comparación es mucho más reciente en el tiempo y cercana en geografía: el sindicalista Augusto Vandor, conocido por ser el impulsor durante la década del 60' de la idea del "peronismo sin Perón". En abril, frente a la primera escalada de declaraciones entre los ecosistemas de Axel y de Cristina, dirigentes camporistas circularon por WhatsApp una nota de Horacio Verbitsky en El Cohete a la Luna titulada "Tiros en los pies" que comparaba esta conducta del sindicalista con la del gobernador. Más allá de que esa referencia tenía que ver con el carácter de "traidor" que la historia le asignó a Vandor por su "peronismo sin perón" y la crítica al discurso de las "nuevas canciones" de Kicillof, hay un costado interesante en esa comparación a la luz de lo sucedido esta semana.

Vandor.

La caída política de Augusto Vandor fue en una interna para la selección del candidato a gobernador de Mendoza de 1966. Con Perón fuera del país, el sindicalista se había convertido en un poderoso articulador del peronismo, tanto en su faceta gremial como política partidaria. Vandor tomó partido y respaldó públicamente a Alberto Serú García. Frente a esto, Juan Domingo Perón, a través de Isabel que estaba en el país, se posicionó por su competidor, Ernesto Corvalán Nanclares, y llamó a las 62 Organizaciones a alinearse en esa decisión. La situación dejó a Vandor en una encerrona que lo obligaba a romper su acuerdo con Alberto Serú García y quedar debilitado de cara a futuros acuerdos, o a bancar su compromiso con el mendocino y confrontar definitivamente contra Perón, camino que finalmente tomó. Corvalán Nanclares ganó esa interna y el sindicalista, derrotado, fue señalado abiertamente como un traidor a Perón.

El acuerdo Kicillof-Quintela

La postulación de Cristina al PJ nacional, ocurrida en la semana previa al cierre de listas, puso en una encerrona similar a Axel Kicillof, que ya había hecho un acuerdo con Ricardo Quintela. El riojano llevaba meses juntando avales y era el único que había explicitado su intención de ser presidente del partido. Kicillof le ofreció ayuda para juntar avales y apoyos de intendentes del conurbano, territorio difícil de penetrar para las figuras ajenas al AMBA. A cambio, Quintela lo pidió para la Presidencia de la Nación y prometió una articulación, desde el PJ nacional, del apoyo de los peronismos provinciales ya que Kicillof, aunque gobierne el 40% del padrón del país, peca de ser porteño. Ese acuerdo estaba sólido y fuerte frente a cualquier amenaza interna, menos la de Cristina.

El factor Cristina.

La candidatura de la expresidenta, surgida de un "operativo clamor" que nunca trascendió las fronteras de su núcleo duro dirigencial, obligó a Kicillof a enfrentar el mismo desafío que Vandor: romper su acuerdo con Quintela para honrar a su histórica jefa política o sostener su compromiso y confrontar definitivamente con Cristina. 

La unidad que no fue.

El camino que encontró el exministro de Economía para salir de ese laberinto fue intentar acercar a las partes para que se logre una lista de unidad en la que se pueda posicionar el riojano como vicepresidente. Si Quintela quedaba conforme y Cristina encabezaba, el gobernador bonaerense podría respaldar a la exmandataria sin problemas y sin romper sus propios acuerdos. Sin embargo, ese escenario no fue posible porque horas antes de la instancia anticipada para una posible reunión en el Instituto Patria con el gobernador riojano, Cristina Kirchner lanzó su lista completa y clausuró la negociación. Quintela no aceptó el convite a bajarse sin dar nada a cambio y presentó su lista.

La opción Axel.

Frente a este escenario, Axel Kicillof eligió, para su perfil público, la prescindencia en la interna y manifestó su intención de "no participar directa ni indirectamente". Un posicionamiento que se convierte en profecía autocumplida de lo que La Cámpora lo estaba acusando, pero que vino acompañado por una fuerte respuesta a la agrupación de Máximo Kirchner. "Sectores de nuestra fuerza política han decidido criticarme mucho y acompañarme poco", disparó en un comunicado.   

La propuesta de Cristina.

Más allá de la misiva camporista de ser "leal a Cristina", Cristina Kirchner tiene argumentos programáticos para sostener su candidatura: uno de por qué debería ser ella la presidenta del PJ y otro de por qué no debería ser Quintela.

Por qué él no.

La candidata de Primero La Patria sostiene que el presidente del PJ no debería ser un gobernador en ejercicio porque ambos roles podrían colisionar entre sí. Según ella, la función de organizador de la estrategia opositora del peronismo nacional contra Milei podría afectar negativamente la gestión de un gobernador que necesita sentarse a negociar con el Gobierno nacional y, lo más grave, viceversa: que la necesidad de obtener fondos para la provincia que se gobierna podría afectar negativamente el trabajo de articulación de la estrategia opositora del peronismo nacional. 

Por qué ella sí. 

La expresidenta propone "ordenar el peronismo", en ese lema está la idea de algo que las bases vienen demandando después de las derrotas en el Congreso: un comisariado político que asegure la obediencia partidaria de los diputados, los senadores y los gobernadores y que castigue a aquellos que se abran de la estrategia del bloque para votar con el oficialismo. Cristina Kirchner propone una política de "mano dura" contra los "traidores". 

El antecedente frentetodista.

A esa declaración de principios le falta una segunda parte, que es un mayor detalle sobre las herramientas que ese eventual PJ podría usar para llevar adelante ese comisariado. Le juega en contra el antecedente 2019: con el nacimiento del Frente de Todos, se propuso una gran amnistía para gobernadores, senadores y diputados que habían acompañado a Mauricio Macri en votaciones clave. El famoso "es con todos".

El antecedente Peppo.

Sin embargo, la gran amnistía tuvo excepciones. Una de ellas fue la del entonces gobernador de Chaco, Domingo Peppo. Peppo se incorporó al Frente de Todos cuando Cristina anunció a Alberto Fernández como candidato pero, a nivel local, disputaba una feroz interna con el exgobernador Jorge Capitanich. La entonces candidata a vicepresidenta se metió de lleno en la interna chaqueña para apoyar a Capitanich y decidió no permitirle a Peppo anexar su boleta a senador a la de "los Fernández" en las PASO. El entonces gobernador tuvo que bajar su candidatura a la reelección y aceptar un puesto en la Embajada en Paraguay. 

La posible arma.

El apoyo a líneas internas en las provincias cuyos gobernadores se acerquen a Milei podría ser una herramienta de disciplinamiento y explicaría por qué sería más efectivo que ese proceso lo encabece Cristina Kirchner y no otro dirigente del peronismo. Sencillamente porque es la única capaz de movilizar votos en todo el país y poner en jaque a quién pretenda correrse del camino.

Vuelven los partidos.

Si bien la oficialización de las listas ocurrirá el próximo viernes y todavía puede haber alguna otra sorpresa en el medio, el camino más factible, con o sin elecciones, conduce a que Cristina Fernández de Kirchner presida el Partido Justicialista en esta nueva tendencia de revalorización de los partidos políticos, con Mauricio Macri al frente del PRO, Martín Lousteau al frente de la UCR y Karina Milei al frente de La Libertad Avanza. Después, al peronismo le tocará la tarea de sanar las heridas que se van generando en un panorama de conflictos internos que no dan señales de desescalar.