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Como un last day de mercado de pases europeo, pero con la voracidad de una liquidación de outlet, la Cámara de Diputados llega a su sesión preparatoria de este miércoles cruzada por un sinfín de operaciones, ofertas, propuestas y contrapropuestas para definir cómo será la convivencia en la segunda mitad del mandato de Javier Milei. O al menos al inicio de esa segunda mitad. Y, por ahora, se configura un hemiciclo de dos grandes potencias, que pelean por ser la primera minoría, y tres posibles interbloques heterogéneos y complejos, atados con hilo pizzero, cuyo mapa de calor con la Casa Rosada difiere según con qué partícula de esos hipotéticos grupos se hable.

Patricia Bullrich terminó de demoler al PRO y le robó diez bancas a Cristian Ritondo, artífice central del acuerdo entre libertarios y macristas en la provincia y la Ciudad de Buenos Aires para las elecciones del 26-O y al que hoy le hacen sentir el rigor del que, creía, no iba a ser víctima por su probada lealtad. Con eso, más tres radicales desesperados por pintarse de violeta y el pase sobre la hora de Francisco Morchio, hombre de Rogelio Frigerio en Diputados, que salta de la bancada que ¿conducía? Miguel Pichetto, La Libertad Avanza (LLA) se constituye, si no hay más movimientos, en la primera minoría en la Cámara baja. Lugar que el peronismo no perdía desde aquella ola amarilla en las elecciones de medio término de 2017.

El lunes 27 de octubre, el día posterior a las elecciones nacionales, LLA quedaba proyectada a un bloque de 81 diputados. De ese día hasta ahora sumó 14 más. Que podrían ser 15, si prosperan las gestiones de un operador muy cercano a Bullrich.

De la ola al charquito.

En el PRO, mientras tanto, los números asustan. En 2017 llegó a 55 bancas en Diputados, su pico; en 2019 cayó a 26 y dos años después, con otro gran triunfo en la PBA, se recuperó y llegó a 50. De ahí en adelante fue una caída a pique. Empezó 2024 con 38, llegó a fines de 2025 con 28 y, salvo que la sangría se profundice, desde el 10 de diciembre serán apenas 12.

Mauricio Macri le insistió hasta el hartazgo a Silvia Lospennato para que no asuma como legisladora porteña y se quede en el Congreso. La habían convencido. De hecho, no se presentó en la Legislatura con el resto de la bancada oficialista. El jefe de Gobierno, Jorge Macri, habló con su primo y gestionó el pase. "Si total, cuando saquen el Presupuesto y las reformas, cierran el Congreso", reflexionan cerca del expresidente.

Macri también operó, personalmente, sobre la diputada Verónica Razzini. Ya se había alejado del PRO a principios de año y el presidente del partido le insistió para que volviera. Razzini negoció: le pidió que intervenga el partido en Santa Fe y que la ponga al mando. Hoy, al PRO santafesino lo lidera Gisela Scaglia, vicegobernadora y diputada electa. El ingeniero se dio cuenta de que sumar esa banca le iba a costar la "halconización" absoluta del partido en una provincia donde son aliados del gobernador Maxi Pullaro. A los pocos minutos, Razzini -incorporada al mundo de la política por Bullrich- estaba mostrando la camiseta de LLA en la oficina de Martín Menem.

La catástrofe del PRO siguió en Río Negro, con la partida del diputado Sergio Capozzi. En la provincia conmocionada por el estallido del caso Fred Machado, la renuncia a la candidatura de José Luis Espert y las trabas para que la libertaria Lorena Villaverde asuma como senadora, el macrismo es otro caos, después de no haber alcanzado un acuerdo con los operadores de Karina Milei. En este caso, el escándalo narco que vincula negocios y política en la provincia sirvió para que Capozzi se vaya a Provincias Unidas y no al bloque oficialista. Algo es algo.

Juntos por el Cambio: ¿todavía sirve?

Hace unos días, un operador cercano a los Menem ponía en duda que LLA siga operando sobre diputados del PRO porque no quería tensionar más con Ritondo, cuyo trabajo valora y necesita. Pero igualmente, siguieron. Molesto, dicen, el presidente del bloque amarillo abrió negociaciones para reeditar Juntos por el Cambio (JxC), o algo parecido, y sumar la docena de bancas que le quedó con las siete de los radicales violáceos, que conduce desde su provincia el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo.

Tanto se entusiasmó Ritondo con desempolvar la alianza que llevó a Macri a la Casa Rosada en 2015 que hasta tantearon a Maximiliano Ferraro, uno de los dos diputados que le van a quedar a la Coalición Cívica a partir de la semana que viene. Obviamente, la propuesta fue desechada: los lilitos necesitan un espacio donde confrontar con el Gobierno para sentirse en armonía, no ser la escudería B de la bancada libertaria.

Quien -al cierre de esta nota- mantenía todavía charlas con Ritondo explorando un acuerdo con el PRO y la UCR más cercana al Gobierno era Oscar Zago, cuya bancada, el MID, ocupa dos sillas en el recinto. Si este triple pacto se cierra, el hipotético interbloque podría llegar a 21 bancas. 

La guerra por la tercera minoría.

Ese número, la proyección de 21 bancas que busca el entusiasmo de Ritondo, es el que miran en Provincias Unidas (PU), esa marca que lanzaron este año cinco gobernadores simpáticos para la Casa Rosada para modificar el mapa político de la Argentina y proyectarse hacia 2027 y terminaron derrotados por candidatos ignotos cuyo único capital electoral era figurar en el casillero de LLA de la boleta única. ¿Por qué miran ese número? Porque es el piso que necesitan superar para convertirse en la tercera minoría, por detrás de LLA y de Unión por la Patria (UxP).

Hay tres radicales, Martín Lousteau, Mariela Coletta y Pablo Juliano, que se plegarán al armado de los gobernadores de PU, que hoy contaría con 18 bancas confirmadas, si se contabilizan además tres ex PRO (Scaglia, Capozzi y José "Negro" Nuñez, otro que rompió con Macri), seis por Córdoba, dos UCR por Jujuy, uno por Santa Cruz y uno por Chubut, más dos bancas del socialismo santafesino.

Sobre ese número trabajan para sumar a los sobrevivientes de Encuentro Federal, Pichetto y Nicolás Massot, y los dos lilitos. A estos cuatro les queda dos caminos: o jugar en interbloque con los gobernadores o quedarse en dos bloques biplaza. Es tan justa la batalla por la tercera minoría entre la posible reedición de JxC y PU que cada una de esas sillas cotiza en oro. Uno de ellos confesó: "Nunca imaginé que dos banquitas fueran a valer tanto".

Con estos dos, a PU le alcanzaría para llegar a 22 y ser la tercera minoría. Por las dudas, van por más y tienen líneas abiertas con Marcela Pagano, la ex LLA que negocia por su bloque, Coherencia, que tiene cuatro escaños. 

Un operador parlamentario, con acceso a los detalles de las hotline de las negociaciones, describe: "Es extraordinario: hay bloquecitos que no podrían aspirar ni a un lugar en comisiones secundarias pidiendo presidencias y sillas bicamerales clave". Así está la cosa.

Las minorías y la lapicera de Menem, ¿sin tinta?

Si cierran todo este pack, los gobernadores se alzarían con la tercera minoría, una pésima noticia para para Menem. Con las comisiones ajustadas en votos entre los dos grandes bloques, LLA y UxP, los últimos integrantes de esos cuerpos pueden ser determinantes para que un dictamen salga o no. Y a Menem le serviría más que esa sillas las ocupen los hombres y mujeres de Ritondo o los radicales violáceos que con miembros del posible interbloque de los gobernadores de PU, Pichetto y su archienemiga Pagano.

Esta será, de hecho, una de las batallas clave en la sesión preparatoria de este miércoles. La oposición va a intentar negarle a Menem la facultad para la integración de las comisiones, después de la infinidad de críticas que hubo sobre la distribución que hizo en su debut como presidente de la Cámara de Diputados.

Si juntan los votos, terminará siendo el recinto el que resuelva qué bloque se queda con qué integrantes en las comisiones. Al menos en las que inicialmente deberán ponerse a discutir la agenda que el Ejecutivo plantea como urgente: el Presupuesto 2026, la ley de perdón fiscal, la reforma laboral y el endurecimiento del Código Penal, que Bullrich presentó esta semana.

Jalil, la minera para su hermano y la quinta pata del gato.

Raúl Jalil ni siquiera esperó a que el Boletín Oficial refleje el acuerdo que alcanzó con el ministro del Interior, Diego Santilli, que es el traspaso del control absoluto de la minera estatal Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio (YMAD) para poner como presidente a su hermano, Fernando. Aceleró y confirmó lo que se sabía desde hace días, que es la fractura del bloque de UxP, de donde se lleva tres diputados.

Las bancas por Catamarca (el bloque se llamará Elijo Catamarca) jugarán en interbloque con las de otros tres gobernadores, los de Salta, Misiones y Tucumán, conformando un grupo que se reúne habitualmente en las cumbres del Norte Grande. La suma da 13 y, si avanzan todas las negociaciones en marcha, serían la quinta fuerza en Diputados.

En el peronismo, mientras tanto, no hay cerco que alcance. Por ahora, confían en que el gobernador saliente y senador electo por Santiago del Estero, Gerardo Zamora, no replicará la ruptura que sí hizo en el Senado y mantendrá a sus diputados dentro de UxP. Del puntano Jorge "Gato" Fernández nadie sabe nada. Pasó un rato por la reunión de bloque de este martes y después se fue. 

Una diputada que conoce bien los movimientos en el bloque de UxP cree que no tiene muchas más posibilidades que quedarse. "Es esto o irse solo, a un monobloque", arriesga. Con el outlet desatado, como está, difícil poder afirmar eso sin un importante margen de error.