Un truco gallo en la interna peronista, para que se doble pero no se rompa
16 Abril de 2025 19.35
16 Abril de 2025 19.35
La decisión de Cristina Fernández de Kirchner de permitirle a Axel Kicillof sacarse el gusto de imponer su estrategia electoral no mejoró en absoluto el clima de la interna peronista que usa de ring a la provincia de Buenos Aires. "Esto está roto, pero estamos tratando de que el auto llegue a boxes", blanqueó un bonaerense que participó de varias de las reuniones en las que se intentó, infructuosamente, un acuerdo, antes de que el gobernador anuncie el desdoblamiento. Entre la expresidenta y el gobernador no hay contactos, al menos, desde diciembre. Heridas que no sanan y que nadie hace nada por sanar. El puente más sólido entre ellos, tal vez el único, es hoy Sergio Massa, que lleva y trae como un hijo de padres separados.
Massa trabaja en la confección de un método que haga lo menos necesario posible las negociaciones. La primera herramienta es la posibilidad de establecer un esquema de apoderados cruzados, algo que ya utilizó el peronismo y que le funcionó muy bien en 2019. Ese año, en un pacto que por entonces se selló en un marco de fuerte desconfianza, CFK y Massa definieron que ningún documento que presentase la alianza -por entonces, el Frente de Todos- tuviera validez si no contaba con la firma de los apoderados legales de ambos. Ahora, la idea es que el cruce de firmas tenga tres rúbricas, sumando un representante de Kicillof.
La otra herramienta sería definir los porcentajes que le corresponde a cada tribu en las listas. Este será el punto de mayor conflictividad. Se habla de tres tercios como una salida salomónica. Ahora, ¿sería realmente una salida salomónica? Cada una de las partes puede plantear reparos. La expresidenta, aduciendo ser la figura más importante del peronismo de los últimos 20 años; Kicillof, señalando que es una elección en el territorio que gobierna y cuya campaña quiere ponerse al hombro, personalmente. "Y si yo fuera Sergio, diría que me den la mitad porque tengo el 44% de los votos a nivel nacional", bromeó un massista.
Desde la reunificación peronista, las cuotas partes se dividieron más o menos en dos partes y media. Una parte para Cristina, otra para Massa y una media parte para los intendentes que lideraba hace unos años Martín Insaurralde. Esa ecuación varió en 2023: como el jefe renovador ya tenía la candidatura presidencial cedió lugares en las listas, tanto nacionales como provinciales. ¿Cederá Kicillof algo, como gesto, luego de que le validaran el desdoblamiento? La respuesta es no.
Si la unidad del peronismo bonaerense sobrevive a toda esta discusión, llegará el momento de otra. La discusión por los nombres. Y acá es donde más feo la puede pasar el dispositivo de Kicillof. Primero, porque no hay fuerza política viva con más gimnasia electoral que el kirchnerismo. El histórico y ya fallecido apoderado del PJ, Jorge Landau, podría haber escrito una enciclopedia con cientos de volúmenes sobre las mañas con sello K en el tramo final de un cierre de listas. Se llevó esos secretos a donde que sea que descansen las personas de bien.
A esto se suma un dato que aportó un intendente con territorio en el conurbano, que tributó durante años a las banderas de Néstor y Cristina y que hoy milita la conducción del gobernador: la detección de cierto amateurismo en el universo Kicillof para el trámite que se les avecina. "Y ellos -por el kirchnerismo- son expertos en la última milla", advirtió.
Cristina ya puso su carta arriba de la mesa y la carta de Cristina es Cristina. Eso al menos le dijo a su tropa, en reuniones privadas previas al desdoblamiento: que si había elecciones provinciales, ella iba a ser candidata por la tercera sección electoral, la que agrupa a los municipios del sur del conurbano. Ahora, un sector del massismo y algunos intendentes doblaron la apuesta y quieren que Massa encabece la lista en la primera sección, la que reúne los distritos del norte y el oeste del conurbano, pero Massa no quiere.
De los 13 millones de electores que tiene la PBA, casi cinco millones están en la tercera y otros tres millones y medio viven en la primera sección. Si el peronismo juega sus anchos en esas secciones y las gana con una diferencia de un puñado de puntos, prácticamente se aseguraría una victoria a nivel provincial. Incluso perdiendo en las otras seis.
En las filas del gobernador desconocen la opción Massa. Sí reconocen que las tropas cristinistas ya hablaron públicamente de la candidatura seccional de CFK, pero eligen creer que es un bluff. Dicen que esa opción ya empezaron a relativizarla los propios voceros kirchneristas. Y doblan la apuesta: creen que las cabezas de las listas de cada sección deberían reflejar que la autoridad a cargo de la elección es Kicillof. Guerra en el horizonte.
El plan de Kicillof no terminó con la aceptación de su esquema electoral por parte de CFK. El gobernador va por todo. Después del desdoblamiento viene hacerse cargo de la estrategia. Y de todo. Trabajan para liderar toda la ingeniería de las elecciones anticipadas de septiembre. "La campaña no va a girar en función de la figura de CFK", dicen en su entorno. Y agregan. "Axel quiere hacer la campaña él mismo".
Tiene lógica: es la única forma de capitalizar personalmente un hipotético triunfo y dedicar los dos últimos años de su segundo gobierno a trabajar su plataforma presidencial. Pero ese plan perdería todo sentido si las listas seccionales las lideran CFK y Massa. ¿Cómo haría Kicillof para apropiarse de un resultado que le consiguieron su exjefa política y su último candidato a presidente? Imposible. Por eso, para uno de los hombres más cercanos que tiene Kicillof todo ese plan de jugar toda la carne en los comicios provinciales no tiene ninguna otra explicación que esta: "Hacer todo lo que sea para cagar a Axel".
Un dirigente con un alto cargo provincial, que mantiene vías abiertas con todas las tribus, transmite la sensación que le dejó una charla reciente que tuvo con el mandatario bonaerense: "Axel está convencido de que la gestión y su figura son muy potentes. Y su convicción no es generalizada".
De hecho, el responsable de encuestas de una de las tribus peronistas que tramita esta interna cree que el escenario hoy, es más parecido al de 2021 que al de 2019 o incluso, al de 2023. Es decir, una polarización muy ajustada entre el peronismo y una alianza opositora, que en 2021 fue PRO-UCR y ahora sería la del PRO y La libertad Avanza, aún en trámite.
El desdoblamiento electoral en la provincia de Buenos Aires puso tan de relieve la elección para renovar la Legislatura bonaerense que empezó a opacar las nacionales del 26 de octubre. Ese día debutará la Boleta Única en Papel (BUP). Una de las fuentes consultadas para esta nota dejó una alerta interesante: si el peronismo saca a la cancha a CFK y Massa en las provinciales se quedaría sin dos cartas pesadas y posibles para imprimir en la BUP nacional, hay un modelo de boleta donde las caras conocidas pueden ser determinantes. Y más si lo que se avecina es una elección polarizada, voto a voto.