Patricia Bullrich — X: @PatoBullrich

Flechas envenenadas cruzan desde el Senado hacia la Casa Rosada. No son de Victoria Villarruel. Como si los hermanos Milei tuvieran un karma con ese lado del Congreso, el vuelo esta vez no inicia en el despacho de la vicepresidenta. Es Patricia Bullrich quien se para desafiante ante la hermana del Presidente y, por propiedad transitiva, ante el propio Javier Milei. Lo hace pidiendo la declaración jurada de Manuel Adorni, negándose a convalidar caprichos -como con el pliego de la candidata a jueza y hermana de Hugo Alconada Mon-, coqueteando con la renuncia o, en otros casos, con videos en redes sociales cargados de ironía y de pólvora. Hace unos días, por caso, usó a María Becerra para decir que todo estaba muy lento y había que acelerar. ¿A quién se lo pedía? ¿Quién tiene que acelerar?

Ahora, usó una versión de La Joaqui de un clásico de Tita Merello para dejar otro aviso: "Yo soy así". El mensaje de Bullrich a los Milei esta vez es más claro: está fuera de su control.  

La campaña permanente (y publicitaria).

Bullrich está en campaña. No es una campaña electoral, es una campaña publicitaria. Y es una campaña permanente. ¿El objetivo? Generar conversación, que se hable de ella, mantenerse activa. Que la prensa tenga de qué hablar. Que los periodistas tengan de qué escribir. Un Se dice de mi con respirador artificial, anabolizado.

Un muy estrecho colaborador de la senadora señala dos objetivos: mantener a Bullrich con índices de popularidad altos y que cuide los votos propios, los suyos, los que no son de Milei. Para esto hay un equipo de trabajo full time dispuesto, pensando y ejecutando. "Trabajamos la marca Bullrich", resumen.

Así surgió la idea de los videos, fuera del registro habitual de la comunicación política y fuera del registro habitual de la propia Bullrich, siempre parada ante la sociedad como una persona de temple rígido, áspero, sin espacio para la fragilidad o la sensibilidad. Una dama de hierro. "¿Qué voy a hacer? ¿Mandar un comunicado de Patricia con declaraciones? Nadie le da bola", se pregunta y se contesta el hombre de la escudería Bullrich.

Un equipo para la marca Bullrich.

Cuando terminó la campaña presidencial 2023 y Bullrich firmó su pase del PRO a La Libertad Avanza (LLA), le pidió a su entonces jefe de campaña, Juan Pablo Arenaza, que no desarme el equipo de comunicación que venía trabajando: que lo mantenga en una versión pocket. 

Hoy, ese grupo es una mesa que nunca supera las seis o siete personas. Están Arenaza, el diputado nacional Damián Arabia -cerebro político de Bullrich y su hombre en la Cámara de Diputados- Lucas Palatnik, Francisco Heili y la publicitaria Federica Suárez Santiago (responsables de los videos) y Carlos Cortés -su histórico jefe de prensa-. Cuando volvió al Congreso, sumó a Cristian Larsen para que le lleve la agenda parlamentaria. De este grupo salen los videos para alimentar las redes sociales de Bullrich, pero también salen las decisiones que le sacuden el avispero a los Milei. 

"Si me preguntás si la agenda es estudiada, la respuesta es sí", confirma uno de los miembros de ese grupo. Por ejemplo, ahí definen los desmarques de Bullrich. El 1 de mayo pasado, la senadora había compartido en sus redes una foto con Arabia y con otra diputada de su fuero íntimo, Sabrina Ajmechet. "Se vienen cositas", decían. Esas "cositas" que se venían tardaron cinco minutos y era un dardo envenenado: la nota en la que Bullrich pedía que Adorni "de inmediato" presente su declaración jurada. Las cositas que se venían eran una jugada para sumarle aún más frizz a los pelos de Karina Milei.

De jefas, jefaturas y empleadas.

Este jueves, el día que inicia el Mundial 2026, Patricia Bullrich cumple 70 años. De ese total, lleva más de 50 dedicados a la política. Ella suele decir que son 40: la militancia adolescente no la contabilidad en su carrera de política profesional. Siempre tuvo enemigos, creció actuando y respondiendo ante una rivalidad política electoral. No siempre con las mismas armas. Hoy, enfrente tiene a Karina Milei. Lo sabe. Actúa en consecuencia. Le sonríe, mantiene una distancia prudencial, una convivencia lógica,pero Bullrich sabe que la hermana del presidente la quiere afuera. O, como dice uno de esos hombres de hierro detrás de la senadora, que Karina "se la tiene jurada".

Bullrich no tiene ningún tipo de reconocimiento hacia la secretaria General de la Presidencia. A ella, cree, no le debe absolutamente nada. Para Bullrich, Karina es una novata, alguien que recién empieza, que no la entiende. Una persona que maneja a su gente como empleados. Y ella no se siente empleada de nadie. "¿Qué va a hacer Karina? ¿Echarla de LLA? Le importa tres pitos eso a Patricia", se ríen en el entorno patricista. 

El comando Bullrich se siente bajo el asedio de Karina y su aparato comunicacional. Se sienten operados como si, sugieren, "a alguien le sirviera que Javier se enoje con Patricia". Javier es Milei. 

Un problema llamado Bullrich.

A Karina le molesta la independencia de Bullrich. Le molestan los planes de Bullrich, el juego de Bullrich, las formas de Bullrich. La figura de Bullrich, la prensa de Bullrich. A Karina le molesta Bullrich. Por eso, la ex presidenta del PRO se muestra activa y se dedica a lo que puede. ¿Qué puede? Mantener tibios sus vínculos políticos en lo privado y generar conversación en lo público. "Para nosotros hoy no hay margen: es esto o no hacer nada. O destrozar todo. Ninguna de esas dos opciones nos parece razonables. Entonces flotamos", resumen.

Karina tampoco puede hacer nada. O no puede hacer mucho. A diferencia de cuando era ministra, ahora Bullrich tiene un cargo electivo. Sí parece estar haciendo algo la hermana presidencial: está apostando a que en 2027 a LLA le alcance sin Bullrich. No necesitarla, prescindir de ella, dejarla afuera. Con esa hipótesis trabajan en el equipo de la senadora.

Madonna, María Becerra, la Joaqui.

No son inocentes y saben que cada video, por más simpático que resulte, tiene un costo. Ese costo es cada vez más alto. A veces, creen, el costo interno es ganancia externa. No hay política en las matemáticas ni las matemáticas se ajustan a la política.

Uno de los puntos más calientes entre Bullrich y Karina, de los primeros cimbronazos fuertes entre ellas, fue cuando la senadora compartió en sus redes un video musicalizado con Vogue, de Madonna, en la que se mostraba como una superstar para celebrar la sanción de la reforma laboral. Dicen que Karina le "sugirió" que lo baje. Bullrich le dijo que el impacto de bajarlo iba a ser más alto y ahí quedó. A Karina todo aquel que capitalice personalmente logros que ella considera de su hermano es una amenaza. Bullrich, por tanto, es una amenaza.

Atado a tu destino, al borde del camino.

Bullrich tiene un plan presidencial, pero eso no es una novedad. Lo tiene desde antes que Milei siquiera haya puesto una vez la suela de goma de sus zapatillas en los estudios de un canal de televisión. Y Bullrich no fundió su plan en el de Milei, no los unificó. A lo sumo, cajoneó el propio para trabajar por el de otro por un rato, como hizo con Mauricio Macri.

En la última publicación que hizo en sus redes, Bullrich usó la imagen de un juego creado con inteligencia artificial de un programa de noticias. Se ve su figura frente a un laberinto con tres destinos posibles: la jefatura de Gobierno, la vicepresidencia o la presidencia. Cayó pésimo en la Casa Rosada

Nada más que deseos. Nadie en el equipo de Bullrich cree que exista alquimia posible para que ese sueño presidencial se concrete en 2027. "Si a Milei le va bien, es él; y si le va mal, nosotros también somos el gobierno", repiten, con lógica. Pero la esperanza siempre está.

Esta idea de que Bullrich ató su destino al de Milei tiene un correlato en datos. Según la serie histórica de la consultora Management & Fit del primer trimestre de 2025 hasta la actualidad, la evolución de imagen de exministra y la del presidente se van copiando, como si fuera una máquina de replicar llaves. 

Ambos empezaron el año pasado con buena imagen, comenzaron a caer hasta tocar un piso cerca de las elecciones, un pequeño rebote a fin de año y una pendiente permanente en todo 2026, donde ambos se encuentran con la imagen positiva más baja y la negativa más alta de toda la serie. Un recorrido casi calcado. La imagen de Bullrich está atada a la del presidente y a la del gobierno, no tiene dinámica propia.