Cristina Kirchner y Axel Kicillof — X

La situación entró en una fase entre grave y terminal porque trasciende lo político, incluso está más allá de la especulación electoral: es personal. Cuando Máximo Kirchner menciona delante de la tropa que lo venera que Axel Kicillof no visita a Cristina Fernández en San José 1111, no le habla al dirigente lanzado a la presidencia. Tampoco le habla a un soldado desertor de la causa kirchnerista. Ni al hijo político renegado de la jefatura de su madre. Le habla a Axel, no a Kicillof. Y siempre es más fácil volver de diferencias políticas que de rencores personales. En una oración, un histórico del peronismo bonaerense que mantiene activas sus terminales en todas las tribus resume lo que se respira entre los satélites que orbitan la interna: "Lo peor no es que está todo mal, lo peor es que no tiene solución". 

En las filas de Cristina les cuesta identificar el kilómetro cero de esa fisura que empezó a crecer hasta convertirse en una grieta kilométrica. Dicen que una de las primeras alertas fue cuando Kicillof no solo no se pronunció en favor de la candidatura de CFK para presidir el PJ sino que, por el contrario, jugó secretamente a favor del retador, el gobernador riojano Ricardo Quintela. "Ni lo conocía", subrayan entre broncas mal curadas.

De ahí en adelante el escenario cambió, porque Cristina acaba de cumplir el primero de los seis años de prisión a los que fue condenada y, además, está inhabilitada de por vida para ejercer cargos públicos. En el mazo del peronismo había solo una carta de mayor valor electoral que Kicillof: la carta Cristina. A esa baraja ahora le falta esa carta. Y en el gobierno bonaerense lo tienen clarísimo.

Cristina, de libre a candidata.

La campaña de la militancia kirchnerista mutó de slogan. Pasó de "Cristina Libre" a "Cristina candidata". Ese movimiento, entienden en las filas del gobernador, busca justamente ratificar la presencia de la carta Cristina en ese mazo. Con esa estrategia, acumular lo que se pueda de acá a 2027, hasta la zona de definición. 

Tiene también otro objetivo. En el kirchnerismo se dieron cuenta que militar la causa Cristina Libre los iba conduciendo, silenciosamente, a un camino indeseado: que el peronismo primero debía ganar las presidenciales y recién ahí, una vez en el poder, operar con fuerza para liberar a su jefa de la tobillera y de la prisión domiciliaria. 

Un influyente hombre de campera Adidas, que reporta directamente a Máximo Kirchner, lo explica mejor: "Había que salir de la idea de que primero tenemos que gobernar para después liberar a Cristina, porque nos conducía a la idea de ´vayamos todos con el más fuerte´ y que el candidato sea Axel".

"Si no tenés candidato, no tenés votos. Si tenés los votos de alguien que no puede ser candidata, no tenés votos. Y si no tenés votos, no tenés nada". La definición, dura, es de un hombre con aspiraciones electorales propias para el año que viene y que vive con una mezcla de desazón y de hartazgo la guerra, como él la llama, entre mamá y papá. 

O Cristina o quien diga Cristina.

En el kirchnerismo no esconden su posición. Por el contrario, la hacen pública. Con una doctrina cuasi marcial, responden unívocamente que tienen una sola candidata y se llama Cristina Fernández de Kirchner. Y que solo militarán su candidatura o al candidato o candidata que CFK les diga. Subtitulado: solo van a militar la candidatura de Kicillof si Kicillof se convierte en el candidato de Cristina. 

Toda esta lectura convive, además, con otra obviedad: si bien falta una vida -un año-, pensar en que las candidaturas del peronismo para 2027 surjan de una mesa de negociación es casi tan probable como que uno de los equipos en cancha el 19 de julio, cuando se juegue la final del Mundial en el MeTLife Stadium de Nueva Jersey, sea Jordania.

Los visitantes.

Desde que Cristina está presa, Kicillof pisó una sola vez su casa. Fue en octubre del año pasado, cuando se juntaron para afinar la lapicera y acordar las listas de Unión por la Patria para las legislativas 2025. Una voz kirchnerista, cargada de malicia, dice que el gobernador bonaerense visitó la misma cantidad de veces a CFK que al gobernador radical de Corrientes, Juan Pablo Valdés.

En las mesas de delegados en las que conviven el kicillofismo y el cristinismo, como la que opera en la Legislatura bonaerense, se habló de un posible contacto entre Kicillof y Cristina. Mientras se enroscaban infinitamente en discusiones provinciales, como el presupuesto o en endeudamiento de la PBA, surgieron, dicen testigos, algunas promesas de contactos incumplidas. "Nos decían que Axel iba a llamar a Máximo y a Cristina en cada negociación. Lo dijeron después de acordar el PJ bonaerense, lo dijeron después de aprobar el Presupuesto. Nunca pasó", afirman. La última vez fue un compromiso de acercamiento a la vuelta del gobernador de su viaje a Barcelona. Fue en abril. El llamado nunca se produjo. 

"Axel borró el vínculo humano del registro, redujo todo al cálculo político", describen en el cristinismo. Otra vez, el terreno personal.

En el círculo más íntimo de Kicillof, el que lo acompaña desde sus inicios y que hoy representa buena parte de su equipo de gestión, hay unanimidad total detrás de la decisión de cortar el cordón umbilical con Cristina, aunque suene brusco. Sin embargo, hay una parte de la dirigencia peronista que se acercó al calorcito ganador que emana del gobernador que lamentan esta situación. Creen que un gesto, un llamado, no tenía costo ni político ni electoral. Hoy, ya es tarde.

Estrategia que gana no se toca.

Para Kicillof y quienes trabajan en su candidatura presidencial siguen confiados en que todo marcha acorde al plan. Estiman que en un contexto hostil, con un gobierno nacional cortando todas las vías de asistencia y fondeos que existían hasta la llegada de Javier Milei al poder, en un contexto de reducción brutal del goteo de Coparticipación, con un aumento de la tensión social por aumento del desempleo y de caída del consumo, y en una guerra fratricida con La Cámpora, que se filtra en cada movimiento de gestión, hace dos o tres años que ni los diarios ni los canales le devuelven alertas que impliquen la necesidad de cambiar la estrategia. 

Dicho de otra forma: en el comando Kicillof no hay alertas que indiquen que haya un rumbo que cambiar. Esto, en la proyección, significa que salvo la aparición en escena de algún game changing, su candidatura se impondrá naturalmente. Inevitablemente. Esto explica la táctica conservadora. Solo se trata de esperar.

A imagen y semejanza.

Las consultoras que miden mes a mes la opinión pública coinciden en que las curvas de evolución de imagen de CFK y Kicillof, tanto positiva como negativa, se van siguiendo. Como si fueran una máquina de replicar llaves, son líneas que se van copiando hasta reflejarse como en un espejo.

Según la última medición de Management & Fit, ambos tienen números similares tanto a nivel nacional (en torno al 30% de positiva y 50% de negativa) como provincial (suben ambos un poco la positiva, acercándose al 35%). A favor de Kicillof: la "federalización" de su imagen y conocimiento está dando los primeros pasos, es una de las obsesiones de su equipo y, calculan, tienen terreno para crecer. Cristina ya no. Una mirada excesivamente positiva podría señalar que, a nivel nacional, lo que para Cristina puede ser un techo, para Kicillof es un piso. Pero en la política, ser excesivamente positivo suele conducir a un solo lugar: el error.

PASO o PAS, una diferencia decisiva.

Carlos "Carli" Bianco, ministro de Gobierno y sombra de Kicillof, volvió a aclarar esta semana que, para él, las PASO son "el mejor sistema posible para definir una candidatura del peronismo". Ese sistema electoral está en duda. El Ejecutivo nacional mandó un proyecto al Congreso para eliminarlas, por ahora sin avances. En La Libertad Avanza (LLA) están dispuestos a negociar que las PASO se conviertan en las PAS. Es decir, que no sean obligatorias. La ausencia de esa O podría ser determinante en una competencia interna entre Kicillof y un candidato impulsado por CFK.

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TresPuntoZero, la consultora de Shila Vilker, encontró una diferencia sutil pero interesante. Entre los consultados que "seguro votarían" en una interna del peronismo, CFK tiene ventaja sobre Kicillof; si la consulta se extiende a quienes "podrían votar" en esa interna, mejoran las chances de Kicillof. O sea: los seguidores de Cristina son más duros y movilizados que los del gobernador. 

Esta medición hoy resulta estéril, porque CFK está inhabilitada para competir, por lo cual una PASO o una PAS entre ella y Kicillof no es más que una fantasía. Pero si la ex presidenta pone un caballo propio en la carrera por la candidatura del peronismo y logra un traspaso de votos exitoso, que la participación en primarias sea obligatoria o voluntaria podría resultar determinante.