CFK, Kicillof, Massa, Monzó, Brito, Uñac: guía básica del peronismo en fase de deshielo
13 Abril de 2026 13.45
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La encuesta de la consultora Trends, realizada entre el 29 y el 31 de marzo sobre dos mil casos, arrojó dos datos amargos para el Gobierno. Uno es que la intención de voto por espacio proyectó un 37% de apoyo a un peronismo unido y un 35% para La Libertad Avanza (LLA). Hace apenas un mes atrás, la misma pregunta daba 15 puntos de diferencia a favor del sello violeta. El otro dato es que en un mano a mano entre Javier Milei y Axel Kicillof, hoy el gobernador bonaerense le sacaría tres puntos de diferencia al Presidente. Es la primera vez en esta secuencia que ese orden se invierte. Lo único que pasó entre un momento y otro, más allá de una profundización de la delicada situación social y económica, fue el caso Adorni.
Unos días antes, entre el 19 y el 27 de marzo, las consultoras Alaska y TresPuntoZero le preguntaron a mil personas cuál sería su voto si el ballotage de 2023 se hiciera hoy. Vienen haciendo esa misma pregunta desde que arrancó el gobierno libertario. Esta vez, con proyección de indecisos, el resultado fue un contrafáctico triunfo de Sergio Massa, 52 a 48. Solo una vez en toda la serie el exministro de Economía había estado arriba de Milei en esa consulta. Fue hace un año, cuando el Gobierno juntó el escándalo $Libra y el discurso ultra violento del presidente en el foro de Davos en un mismo mes -febrero de 2025-.
Estos dos escenarios, sumados a una debacle sostenida en la valoración de la gestión de gobierno, una caída brutal de la imagen presidencial y un desplome de las expectativas positivas, configuran una foto impensada hace un tiempo atrás. Parafraseando a Alberto Rodríguez Saá, quien a principios de 2018 pronosticó un peronismo con vida para las presidenciales del año siguiente, un articulador con terminales sanas en todas las tribus peronistas dice: "Hay 2027". La pregunta quizás sea: ¿para quién?
Los primeros minutos de la charla se fueron en cuestiones personales. Hijos, familias, la vida misma. No era la primera vez que Axel Kicillof se encontraba con Nicolás Massot. El tercero en la mesa era Emilio Monzó, un apóstol activo de la construcción de un gran cordón sanitario, a la francesa, para impedir que la experiencia libertaria sobreviva a las presidenciales del año que viene. Por ahora son acercamientos informales, de tanteo, primeros rounds entre boxeadores que se respetan.
No hay sobre la mesa propuestas concretas. La idea fundacional un pacto de gobernabilidad para lo que, creen, será una herencia catastrófica del gobierno de Milei. Si es que hay herencia. Se habla de una gran primaria, de la que salga un gran ganador para polarizar con el Presidente. O de dos primarias, una peronista y otra de centro, pero con definitivo perfil opositor, que haga armónica una confluencia en una segunda vuelta. O de ninguna de las dos cosas, pero sí de consensos básicos para que sea quien sea el que se haga cargo del poder en ese hipotético y dramático futuro tenga margen de acción. Por ahora, trazo grueso.
En el gobierno de la provincia de Buenos Aires piden no sobrevalorar la reunión con Monzó y Massot. La presentan como una más de una serie de encuentros que responden a una lógica: la irrupción de LLA en el mapa reseteó todo el escenario y hay que construir uno nuevo. Y en eso dicen estar. "No estamos haciendo 'fotismo'", dicen.
¿Cómo se reseteó? En la mesa del kicillofismo, si tal cosa existe, creen que hay dos lecturas que hace unos meses tenían vida y hoy ya no.
Una, es que había lugar para una opción de centro. El fracaso de Provincias Unidas hizo que esa intentona de un grupo de gobernadores termine con esos mismos convirtiendo sus aspiraciones nacionales en pánicos provinciales. Y también hizo que actores que tenían sus expectativas atadas a plan alternativo las desaten. Por eso terminó Pichetto en la casa de Cristina. Por eso Monzó terminó en el despacho de Kicillof. Esa llama federal no era olímpica, ni siquiera una antorcha: era un fósforo.
La otra es que la caída en imagen, valoración y expectativas del Gobierno desde su triunfo en octubre del año pasado hasta hoy dinamitó la idea de una hegemonía libertaria de 16 o 20 años de proyección. Ya todos los actores juegan con la hipótesis de un 2027 con una elección competitiva. Hasta la propia Casa Rosada.
La tarea más difícil que tiene por delante Kicillof no es nacionalizarse: es federalizarse. La fragmentación y el surgimiento de cada vez más provincialismos son hoy una amenaza a su plan presidencial. En su entorno ven en esos gobiernos provinciales futuros armados electorales "muy tácticos". Van a decidir cómo jugar el partido nacional en el último minuto. Una opción de supervivencia, puramente resultadista. Hablan de un "provincialismo bilardista".
Hay otra hipótesis que latió hasta el año pasado y ya no más: la de Cristina candidata. En 2017 se jugó esa carta y lo fue. En 2019 se jugó y no lo fue. En 2023 se jugó y tampoco lo fue. En 2025 iba a serlo pero la metieron presa. En 2027 ya no es. La inhabilitación perpetua que le agregó el tribunal que la condenó no solo la desactivó como candidata a la ex presidenta: también la desactivó como hipótesis de candidata. Como amenaza. No puede ni farolear con esa chance. Está descartada.
Esto también es un cambio sustancial en el tablero 2027: la posibilidad de un candidato sacado de la galera cristinista hoy es infinitamente menos potente que hace unos años.
Massa recibió a Pichetto en sus oficinas de la avenida Libertador hace unos días. Celebró su encuentro con CFK y los contactos del universo Kicillof con Monzó. "Hay que guardar el rifle sanitario", le dijo.
Desde que perdió la segunda vuelta con Milei, Massa se guardó. No quiere ser fronting. Ve a un gobierno en picada y entiende que la prioridad del peronismo debe ser no aparecer ante el electorado como agitador -y mucho menos como responsable- de esa debacle. "Este plan económico choca solo", dijo en una reunión política que tuvo hace unos días.
En lo personal, descarta por completo ser candidato a gobernador y dice que lo que lo posiciona como aspirante a presidente es el empuje de su partido y no su voluntad. Su fantasía es crecer como el arquitecto de una unidad del peronismo. Otra. Y que esa unidad, idealmente, debería resolverse en una PASO. En sus cálculos, el Gobierno no tendrá número para eliminarlas.
Por las dudas, él también manda a caminar. Tiene un candidato a gobernador del massismo puro, el intendente de San Fernando, Juan Andreotti. También tiene una lista de jugadores propios para disputar los principales municipios del conurbano y del interior bonaerense e impulsa un acuerdo con Juan Manuel Olmos para jugar en la Ciudad de Buenos Aires con un "tapado".
Monzó tiene un termómetro personal para medir la actualidad de los gobiernos de los que no forma parte. Cuando están bien no lo llama nadie; cuando están mal suena el celular del armador. Este año, sin embargo, tuvo una sorpresa: por primera vez en muchos años, los que lo llaman son peronistas. Entre él, su amigo Massot y su socio Miguel Pichetto van de café en café, cada tanto hacen una foto, armando algo que todavía no saben qué es. Cada uno aporta los vínculos que tiene y se dividen donde no hay buen feeling. Por eso Pichetto no fue al encuentro con Kicillof. Por eso fue Pichetto el que visitó a CFK en San José 1111.
Uno de los que más hace sonar el teléfono del exarmador de Mauricio Macri es Jorge Brito. El banquero está dispuesto a jugar a fondo. Brito lo llama y le pide a Monzó detalles de alguna reunión o le pide información de sus contactos con consultores y encuestadores. Está activo, todos los días, todo el día. "Está para ser parte, si es como candidato o no se verá más adelante", dicen en esas latitudes.
Quien le llevó la propuesta fue Víctor Santa María. La apuesta por un peronista del interior, con experiencia de gestión, sin escándalos en el currículum y ganador en su provincia en 2025. Cuando Cristina escuchó el nombre de Sergio Uñac respondió lo que le responde a todo aquel con voluntad política: "Que camine". Y en eso está el exgobernador de San Juan.
"No pretendemos que Uñac sea el candidato de Cristina, sino que se convierta en la cara de un peronismo nacional y federal". Eso dice uno de los hombres que tracciona lentamente esta opción. Detrás de esta idea hay otras caras. Hay exgobernadores como Juan Manuel Urtubey (Salta) o Rosana Bertone (Tierra del Fuego), diputados y ex funcionarios como Nicolás Trotta o José Glinski, y sindicalistas como el ferroviario Sergio Sasia. Además del padrino, Santa María.
El escenario que propone Uñac es el de una interna abierta del peronismo. Lo planteó hace unos días, con una carta a la conducción del PJ y un video en sus redes sociales.
A Uñac lo mandaron a medir con dos prestigiosas consultoras. Una encuesta cuantitativa y otra cualitativa. Quieren saber si le da el perfil para ser un "candidato de síntesis", pero también quieren entender cómo se podría conformar la masa de votantes opositores a Milei el año que viene y qué podría ocurrir con los votos que tienen CFK y Kicillof. En esta tribu ven debilidad del gobernador bonaerense para penetrar en la zona centro. Para eso, estiman, "hay que salir de la lógica AMBA".