Javier Milei
Javier Milei — X: @madorni

El 17 de diciembre de 2024, cuando llevaba apenas un año como vocero presidencial, Manuel Adorni brindó una de sus habituales conferencias de prensa. Ese día se paró frente al atril y se enfocó en un asunto que estaba en la conversación mediática: las vacaciones de los funcionarios. Ensayó una defensa a esos cuestionamientos. Dijo que "el presidente no prohibió que viajemos el exterior" pero que sí "pidió austeridad" y que eso era "lo que vamos a hacer todos". Dijo también que, pese a eso, quizás los destinos de algunos miembros del Gobierno no cumplan con esa lógica ("tal vez algunos lugares no revistan el carácter de austeridad", dijo) y que "hay varios funcionarios que se van a ir al exterior". 

Una semana después, según lo informado por los periodistas Ignacio Ortelli y Manu Jove, se embarcó con destino a Aruba. Se instaló dos semanas con su esposa, Betina Angeletti, en un viaje cuyo costo se estima entre U$S12 y 15 mil. En ese momento, su sueldo era cercano a los $3 millones. Ese día, el tipo de cambio oficial era de $1042 por dólar. Con un sueldo, Adorni podía comprar un poco menos de U$S 2.900. Hubiera necesitado aproximadamente cinco sueldos para pagar quince días de vacaciones.

¿El dolor de cabeza o la mano amputada?

Hay varias razones que mantienen a Adorni en su puesto. Una es personal: su relación con Karina Milei -que creció a niveles familiares- los excede a ellos dos. "Karina no lo va a largar, como tampoco largó a (Eduardo) Lule Menem", dicen. 

Otra es estratégica. En el Gobierno hay mentes febriles que consideran que no hay nada positivo para informar y que apagar el incendio de propiedades, viajes, escribanas de firma veloz y misteriosas ancianas financistas pondría el foco en cuestiones más profundas, como la situación económica. Como si Adorni fuera un pararrayos.

En ese cálculo, a diferencia de escándalos como $Libra o los audios de Diego Spagnuolo, el caso Adorni solo mancha a Adorni. "Es un daño real, pero personalmente encapsulado", entienden en la Casa Rosada. Otros se preguntan si sostener a Adorni para que se hable de sus viajes y sus propiedades y no de otra cosa no es como amputarse una mano para olvidarse de que te duele la cabeza. La duda, en ese caso, es si Adorni es el dolor de cabeza o la mano amputada.

La silla eléctrica de Manuel.

La tercera pata que mantiene de pie a Adorni es que no tiene reemplazante. Entre el declive notorio en la evaluación del Gobierno que muestran todas las encuestas y las internas agobiantes que atraviesan el gabinete, se volvió poco tentador subirse al barco libertario

En el inciso 1 del artículo 100 de la Constitución se detalla que la primera de las obligaciones del jefe de Gabinete es "ejercer la administración general del país". Traducido: es la última firma de todos los expedientes. Asumir hoy ese cargo es hacerse responsable administrativamente de una gestión con múltiples desmanejos, mediáticamente de una gestión con pocas buenas noticias para dar y políticamente de un puesto con margen de acción completamente recortado. ¿Quién puede creer que cualquier sucesor de Adorni vaya a tener algo de poder? Es asumir como responsable de absolutamente todo sin controlar absolutamente nada. Es operar bajo las órdenes de Karina Milei. Es win-win, pero exactamente al revés.

En las últimas y calientes horas en la Casa Rosada, se recordó un suceso paradigmático. El único que pudo dar algo parecido a una buena noticia estos días fue Horacio Marín, el presidente de YPF, anunciando que, por 45 días, la petrolera estatal no va a trasladar el precio internacional del petróleo a los surtidores. Un recuerdo malicioso recorrió la Casa Rosada: Marín fue el hombre que Mauricio Macri le recomendó a Javier Milei como reemplazante de Guillermo Francos en la Jefatura de Gabinete. El mismo Macri que, en los peores días del Presidente, convocó a un congreso del PRO con un video de él mismo saltando en una fiesta de casamiento. De joda. Fue Karina Milei quien puso a Adorni en ese lugar.

Nadie lo suelta, nadie lo defiende.

Se podría sumar una cuarta razón a la supervivencia de Adorni y es económica. Más allá de que su potencial electoral se desvaneció y que a su rol como vocero le pasó lo mismo ("cualquier buena noticia, anunciada por Adorni, se convierte automáticamente en mala noticia", razonan en el primer piso de la Rosada), deshacerse de un jefe de Gabinete acosado por investigaciones de viajes obscenos, amigos contratista del Estado que pagan viajes y propiedades no declaradas traería aparejado una reacción automática, y mala, de los mercados. "Si se va, es un cimbronazo en la economía, que no está en su mejor momento", razonan.

Es tan paradójico el caso que une a los dos extremos de la interna del Gobierno. Karina Milei es la barrera de contención de Adorni, pero Santiago Caputo tampoco quiere que se vaya. Para el enfant terrible, cualquier hipotético sucesor no mejoraría su ya complicada y esmerilada situación en el Gobierno. Hasta podría empeorarla.

El punto es que Adorni está hoy en un limbo político: no quieren que se vaya pero no consiguen que nadie lo defienda públicamente. El último intento fue el "tuitazo" del 25 de marzo. Justo un día antes de que se confirmara que el departamento de la calle Miró al 500, en Caballito, estaba a su nombre. Unos días antes de confirmarse que lo compró a precio ridículo y sin pagarlo, financiado por dos señoras que dicen no conocerlo. Y todavía antes de certificarse que los dos vuelos en jet privado a Punta del Este, el de ida y el de vuelta, los pagó la productora con la que su amigo Marcelo Grandio tiene cuatro contratos en la TV Pública. O sea, un tuitazo y después nada más. De parte de nadie.

El abrazo del oso.

La desorientación interna con el caso Adorni es total. En ese descontrol, el Presidente lo convocó a una reunión en la Casa Rosada. Esa reunión se comunicó, luego, como un encuentro para trazar "la segunda etapa de la gestión y proyecciones para 2026/2027". El objetivo evidente era mostrar que la proyección no era de la gestión, sino de Adorni. Curioso: en el Gobierno en que todo se piensa en modo redes, no hubo foto con pulgares arriba. Y la ausencia de esa foto se notó. Tanto que un día después, organizaron un abrazo en el acto por Malvinas.

En ese encuentro con su amigo y presidente, Adorni planteó la inquietud respecto a su continuidad. Milei intentó tranquilizarlo y le dijo lo mismo que le viene diciendo su hermana, Karina: que es toda una operación y que ya va a pasar. Pero los hermanos hasta ahora no le acercaron ni un abogado. Al parecer, solo el ex ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, intentó un acercamiento a quien fuera su jefe en la administración pública, pero sin demasiado entusiasmo: lo último que quiere es quedar entrampado en las intrigas de la interna infinita.