Gerardo Zamora — Instagram: @gzamorasde

Como uno de esos eventos impredecibles que puede desencadenar el inocente aleteo de una mariposa, el pasillo de campeón que, de espaldas como medida de protesta, le propinó Estudiantes de la Plata a Rosario Central podría terminar afectando la conformación del próximo Congreso. Entre esos dos puntos, a simple vista inconexos, hay un hilo imperceptible, casi invisible. El gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, venía coqueteando con la idea de armar bloques propios con los diputados y senadores santiagueños y romper con el kirchnerismo. Pero ahora, muy molesto, duda en hacerle tamaño favor a la Casa Rosada por la guerra reactivada contra la AFA de Claudio Tapia y de su amigo Pablo Toviggino, tesorero de la AFA, mano derecha de "Chiqui" y hombre fuerte del fútbol santiagueño, unido con Zamora por un vínculo de amistad casi familiar.

En los cálculos que hacen los Menem, Martín y Lule, junto a Karina Milei, auguran un piso de 93 bancas libertarias en la Cámara de Diputados que en el mejor escenario podrían llegar a 96, dependiendo de cuánta predisposición haya de seguir tensionando el vínculo con el leal Cristian Ritondo -jefe de bloque del PRO- de donde podrían robar algo más. Para convertirse en primera minoría, La Libertad Avanza necesita desmembrar al peronismo. Una de las llaves -probablemente, la más sólida- es el gobernador de Catamarca, Raúl Jalil; la otra era Zamora, ahora fría por su amistad con Toviggino.

 

El tesorero de la AFA, oriundo de Rosario, aterrizó hace dos décadas en Santiago del Estero. Llegó a probar suerte con un locutorio y terminó gestando una relación de amistad con el gobernador, que lleva esas mismas dos décadas al frente de la provincia. La puerta de la familia se la abrió el hermano menor de Zamora, Daniel. Entre los dos, llevaron a Toviggino primero a conducir un pequeño club local, Comercio Central Unidos, como trampolín a la presidencia de la Liga de Santiago del Estero. Esta película avanzó hasta terminar con Central Córdoba jugando en primera, el estadio Madre de Ciudades como sede de todos los partidos determinantes del fútbol argentino y con Toviggino administrando los fondos de la AFA.

Este nivel de cercanía es el que explica cómo un político de raza como Zamora, cuya pericia política le permitió meterse dos veces en las líneas sucesorias de gobiernos kirchneristas, pueda interponer razones personales a una jugada de estricto corte parlamentario. O, al menos, usar esa carta en las conversaciones activas que tiene con los Menem y con el ministro del Interior, Diego Santilli. 

Fingir demencia y seguir, por ahora.

Un senador kirchnerista, que participó de la cumbre que armó José Mayans con los futuros miembros del bloque peronista en el Senado, habló con los tres senadores de Zamora (el único capaz de quedarse con todas las bancas de su provincia en la Cámara alta) y se quedó tranquilo. "Están comprometidos con la unidad", dijo. Y completó: "No se van a ningún lado". Ver para creer.

Muy distinto es el escenario con Jalil. En la Casa Rosada dan por hecho que romperá la bancada de Unión por la Patria (UxP) y buscará algún tipo de acuerdo en Diputados con otros gobernadores refractarios al Instituto Patria. 

En el bloque peronista piensan lo mismo. La semana que viene habrá reunión de bloque, ya con los que ingresan ahora, y ahí podría pasar cualquier cosa. Hay conversaciones por la conducción de la bancada, pero los movimientos internos son como los de alguien que camina sobre un maple de huevos. "Fingimos demencia", resumió una diputada que se prepara para lo peor.

Presuroso, en auxilio del vencedor.

Jalil fue de los primeros gobernadores en correr presuroso en auxilio del vencedor. Ya visitó a Santilli en la Casa Rosada y le llevó un reclamo concreto: el traspaso del control de la empresa estatal minera Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio (YMAD) al gobierno de Catamarca. El "Colorado" se comprometió a solucionar el tema. A eso se dedica Santilli: gana favores haciendo favores. Política tradicional. 

Se apoya en otro supuesto Santilli, que cree le puede servir para sumar porotos en el conteo interno de su nueva escudería. "Todos quieren que salga el Presupuesto", dicen en Interior. Por lo que, calculan, los gobernadores peronistas que lo quieren deberán de una u otra forma quebrar al bloque peronista: o arman bloque aparte o se dividen en la votación con el kirchnerismo, que dan por descontado votará en contra del nuevo presupuesto que el Ministerio de Economía prepara para reenviar en el período de sesiones extraordinarias, ya con la nueva conformación del Congreso.

Macri, el cerco y el pase a retiro.

Mauricio Macri está jugando personalmente, tratando de armar un cerco para sostener lo que queda al PRO en el Congreso. Un cálculo que, hoy, estiman en no más de una quincena de bancas en Diputados y unas cinco en el Senado. En el macrismo creen que la sangría se detuvo y que los que no se fueron hasta ahora, es porque rechazaron las ofertas para irse. Y esas ofertas, efectivamente, existieron.

Para saltar de 93 a 96 diputados, hay tres nombres en la lista de supermercado de LLA y son los de Alejandro Bongiovanni, José Nuñez y Verónica Razzini. A todos los une un detalle: son representantes en la Cámara baja del pueblo de la provincia de Santa Fe. Pero cada caso tiene su particularidad.

Bongiovanni pegó el faltazo a la reunión que convocó Macri y los rumores se dispararon. Por formación, es el más libertario de los macristas. Si todavía no se fue es porque los Menem no apretaron el acelerador. Quizás, para no seguir metiendo la mano en la billetera de su amigo Ritondo. A Nuñez, en el partido amarillo casi que lo dan por perdido. "Siempre tuvo precio y lo sabemos", se resignan. Los dos, por ahora, se siguen contabilizando dentro del bloque del PRO. 

El caso Razzini es distinto. Se abrió de la conducción de Ritondo en abril, junto a su coterráneo Gabriel Chumpitaz -un halcón al que se le termina el mandato y espera que Patricia Bullrich cumpla su promesa de darle alguna oficina en el Ministerio de Seguridad-. Sobre esta diputada opera directamente Macri, que busca convencerla para que vuelva a la bancada amarilla. 

Los que hablan con Macri empezaron a notar una conducta. El expresidente dice cada vez con mayor frecuencia que se siente "retirado". Hace un tiempo lo decía acompañado de una sonrisa, que relativizaba la sentencia. Ya no.