El apellido de la SIDE, los violinistas del Titanic y los contactos peronistas del rosquero
26 Marzo de 2026 08.00
26 Marzo de 2026 08.00
El funcionario citó al operador y les pidió aspirantes para dos puestos importantes en el Poder Ejecutivo. No ministerios, pero importantes. El operador recogió el pedido y activó los contactos con el staff que administra, casi como un manager. De sus cuatro consultas se llevó la misma respuesta: con el agradecimiento de rigor por la oferta, la respuesta fue "no". El operador trasladó al funcionario su fracaso y el funcionario entendió ahí, un poco mejor, el punto de gravedad en que se encuentra el Gobierno.
Esta secuencia se dio hace algunos días, antes incluso de que el caso Libra volviera a posicionarse mediáticamente y previo, incluso, a que el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, tenga que explicar cómo pagó propiedades y viajes privados a Punta del Este con su salario congelado. El operador, de lengua filosa, dice que extendió sus consultas incluso "a esos que te agarran cualquier cosa". Ni esos aceptaron trabajar para los hermanos Milei.
"Conozco muchos violinistas, pero ninguno quiere tocar en el Titanic", bromeó la fuente.
La disposición que viene mostrando Karina Milei para comerle cada baldosa de poder que tenga Santiago Caputo hace poco tentador el ingreso a esa carnicería. El Triángulo de Hierro hoy se parece más al Triángulo de las Bermudas: lo que queda en medio de esas tensiones, desaparece.
Entre esas negativas hubo otra, que tomó muy por sorpresa a la hermana presidencial: la de Jorge Anzorreguy. A "Corcho" lo sondearon para un puesto que tiene su apellido tatuado: la SIDE. Su tío, Hugo, fue el Señor 5 del menemismo y es uno de los funcionarios de esos años acusado por el encubrimiento del atentado a la AMIA.
A "Corcho" Anzorreguy le acercó la propuesta Santiago Viola, apoderado de La Libertad Avanza (LLA), abogado de confianza de los Milei y, desde hace días, el número dos de Juan Bautista Mahiques en el Ministerio de Justicia. Además, Anzorreguy y Viola son cuñados. A Anzorreguy hijo no es que no lo seduce ser el jefe de todos los espías, pero lo que no quiere es ser la cara de lo que, entienden, es el game over que Karina le prepara a Caputo: robarle la conducción de la SIDE. Aunque en el karinismo aún no dan por descartado su nombre.
En el estudio Anzorreguy tramitan muchas más decisiones de Gobierno que el posible sucesor de Cristian Auguadra en la SIDE. Familiarmente cercano a los Menem, en ese mismo estudio se habló de la posibilidad de que sea Eduardo "Lule" Menem quien asuma el trono del número 11 de la calle 25 de mayo.
En el edificio de la SIDE, también conocido como el edificio Martínez de Hoz, las versiones de más cambios luego de la ruidosa salida de Sergio Neiffert arrancaron un minuto después de que Auguadra sea designado como su sucesor. En la lógica de que "el que saca no pone", el control del sistema nacional de espionaje es un objetivo central del Triángulo de Hierro blue, el que integran Karina, Lule y Martín Menem. Una preocupación que perfora mucho más allá de la cúpula y se volvió comidilla entre los empleados rasos, que hablan de estos rumores entre los mingitorios de los baños.
Emilio Monzó se reunió con Carlos "Carli" Bianco, el hombre más cercano y de mayor confianza que tiene el gobernador Axel Kicillof. No fue su único acercamiento al peronismo bonaerense. También se vio con varios intendentes y tiene agendadas reuniones con otros más. Con Sergio Massa tiene un ida y vuelta casi permanente. Una relación de mucha confianza a la que, además, le agregaron cercanía geográfica: a las oficinas que ambos tienen en Retiro las separan no más de 200 metros.
A contramano de lo que le ocurrió en los últimos 15 o 20 años, al histórico armador los llamados para ejercer el noble arte de la rosca ahora le llegan desde el universo panperonista. Más allá de su amistad con Martín Lousteau o el rol clave que tuvo en la conversión del PRO de partido vecinal a marca nacional, el acercamiento de Monzó a un sector del peronismo bonaerense empieza a parecer algo más que un coqueteo. El de él y el de Miguel Ángel Pichetto, su socio en la aventura de la transversalidad anti Milei, que movió un poco la alfombra de la política al hacerse pública su visita a Cristina Fernández de Kirchner en su casa de San José 1111, donde cumple su condena en prisión domiciliaria.
A muchos de esos encuentros, Monzó llega con una idea y un nombre. La idea, que nutre con informes y encuestas de consultoras amigas (Poliarquía, entre otras), es que la polarización hacia 2027 podría configurarse entre "locura" versus "mesura". La locura, en esa lógica, la encarnaría Milei y LLA. La mesura, plantea, podría reunir a todo lo demás. Una empresa más que complicada: la fantasía es reunir todo lo que haya desde el PRO residual al peronismo de derecha.
El nombre es el de Jorge Brito. No lo esconde: lo muestra. Mantienen, entre ellos, un trato diario. El banquero está seriamente comprometido con la idea. Lo deja a Monzó deambular por los submundos de la política y después lo llama para saber qué recogió de esos tanteos. Por ahora, poquito más que una aventura. Más allá de la excelente relación que históricamente mantuvieron los Brito con los Kirchner: Brito padre, con Kirchner padre; Brito hijo, con Kirchner hijo.
Al Gobierno le cambió el panorama en un puñado de meses. La distancia temporal entre el exitismo de octubre a los números cada vez peores que les devuelven todas las encuestas, que obsesionan despachos en la Casa Rosada, podría medirse en semanas. Ese nerviosismo se puede medir de varias formas. Una de ellas, el Milei tuitero que, en un giro de su comportamiento en redes sociales, decidió publicar un cuadro para destacar que su gestión es la única que está dejando una inflación más baja que la que heredó, y sobre él lanzar una ronda de respuestas a usuarios de X sin responsabilidades políticas -incluso, anónimos-, que lo hostigaron y hasta lo insultaron.
De este posteo pueden destacarse varias cosas. Una, es que omite al menemismo. Quizás, para no vincular la baja de la inflación al resultado económico de ese proceso. Otra, es que está cantando victoria antes de tiempo: su gobierno todavía no terminó. La tercera, más delicada, es que Milei pasó de prometer inflación cero a golpearse en el pecho por tener una inflación más baja que la que dejó el Gobierno de Alberto Fernández.
Un link caprichoso, que hizo un hombre del peronismo. "¿Quién fue el último presidente que se puso a responderles en Twitter a usuarios random? ¿Y como terminó?", deslizó risueño. Como si al cielo lo atravesara un rayo albertizador, pero ahora color violeta.
Este nerviosismo del presidente no solo se expone en sus redes sociales: lo padeció personalmente hace pocos días el CEO de un muy importante grupo de medios. Tomó su celular y vio que tenía una avalancha de mensajes de Milei, cuestionando con múltiples descalificaciones y al borde del insulto una nota publicada en su medio.
La reacción tomó muy por sorpresa al empresario, que atajó la ira presidencial como pudo. Al rato, Milei bajó un poco su enojo y la relación se encauzó. Como si la Oficina de Respuesta Oficial operara también por Whatsapp. Y la manejara el mismísimo presidente.