Javier Milei, Karina Milei, Manuel Adorni y Diego Santilli en Casa Rosada. — Presidencia.

La prueba más cabal quedó registrada en el video que hizo circular el Gobierno, donde se ve a Javier Milei dando vuelta a una extensa mesa y saludando, uno por uno, a los miembros del gabinete. A algunos, con mayor efusividad que a otros. En ese registro se ve cómo está todo el equipo de gobierno esperando y el presidente llega acompañado de su hermana Karina. Entre lo que esperaban estaba Santiago Caputo. Clarísimos los rangos. Ni siquiera hizo falta que la periodista Cristina Pérez desafiara los límites de la imaginación televisiva y hiciera debutar un contador de duración de abrazos. El más largo del presidente fue con el monotributista más poderoso de la Argentina: seis segundos. Pero la jefa sigue siendo El Jefe. 

Los cambios en el gabinete dejaron expuesto que el premio por el triunfo electoral que obtuvo La Libertad Avanza (LLA) fueron para Karina. Primero, por el ascenso de Manuel Adorni a jefe de Gabinete. En el posteo que hizo en X para agradecer el cargo, el vocero presidencial le agradeció a dos personas: los Milei. La designación de Diego Santilli como ministro del Interior podría leerse parcialmente en esa misma lógica. Primero, porque el cargo no fue para Caputo; segundo, porque si bien no es alguien que reconozca a la hermana presidencial como su jefa política, llega con aceitados vínculos con sus lugartenientes, los Menem, Martín y Lule. Si antes de las elecciones se especulaba con un reseteo severo del esquema de poder interno, con la victoria del 26 de octubre los cambios fueron para que no cambie absolutamente nada.

Caputo, a todo o nada: fue nada.

Antes de designar a Santilli, la primera persona a la que le ofrecieron el Ministerio del Interior fue a Santiago Caputo. No el fin de semana, que se detonó por las salidas de Guillermo Francos y Lisandro Catalán, sino antes. Para el viernes en que se aceleró la renovación del gabinete, Milei ya sabía que el enfant terrible seguiría sin poner su firma en un solo expediente. Agradecer que, al menos, ahora usa una cuenta de X con su nombre.

Las presiones públicas que ejercía Milei para que Caputo asumiera un cargo en el gabinete eran inversamente proporcionales al deseo que tenía Caputo de asumir un cargo en el gabinete. ¿Qué quería el autor intelectual de la épica narrativa libertaria para asumir? "Que algunas cosas estén más clases de lo que siguen estando", dicen en Casa Rosada. 

De eterna tensión con el karinismo y con los Menem, Caputo quería que ese bloque se quede con la construcción electoral de LLA y asumir la hegemonía de la política. Que si un gobernador viaja a Buenos Aires, el anillo que bese sea el suyo y no el de Lule Menem, como ocurre muchas veces, hoy. Para ese necesitaba tener, además sus skills para la rosca, caja. Si algo sabe Caputo es que para tener poder se necesitan al menos una de dos cosas: votos o plata. Los primeros son de Milei. O de los Milei.

El sonido del silencio en la mesa de gobernadores.

Guillermo Francos venía desde hace días esperando tener una conversación personal y honesta con Milei. La charla llegó el viernes. El presidente le aclaró que no lo tenía en cuenta para la segunda etapa de su gobierno.

Antes de eso, algunas gestualidades adelantaban el destino siberiano que los Milei le preparaban a Francos. Cuando promediaba la cumbre de gobernadores del jueves pasado, el salteño Gustavo Sáenz preguntó quién sería el articulador de ese relanzado vínculo. El interlocutor de las provincias con la Nación. El presidente eludió torpemente dar certezas sobre eso. Se generó un momento incómodo, para todos. 

Francos, que desde el minuto uno mostró una disposición inquebrantable a defender públicamente lo que haya que defender, que puso la cara por los Milei con la cripto estafa Libra, en el caso de las coimas en la compra de medicamentos para personas con discapacidad o cuando la sombra narco sobrevolaba al candidato de LLA de la provincia de Buenos Aires, terminó eyectado y destratado. Ni siquiera le ofrecieron un cargo decoroso para acomodarse, que igualmente no hubiera aceptado. "Se va a su casa", dicen en su entorno.

Un enemigo en Washington para "el Chino".

Tenía otras dos cualidades en contra Francos. Una, que era la pista de aterrizaje de Mauricio Macri en el gabinete. Dentro de las voces que tenían algo de resonancia dentro del Gobierno, el ahora exjefe de ministros era el que pugnaba por incorporar formalmente al PRO a la gestión. Esa idea, como ya se contó en Corta, conseguía lo impensado: la resistencia coordinada de Santiago Caputo y Karina Milei. El primero, porque creía que el gesto de amplitud que demandaba públicamente los Estados Unidos no era con el macrismo sino con otros sectores dialoguistas, dispuestos a colaborar. La segunda, porque no quiere abrirle el gobierno a absolutamente nadie.

La otra marca en rojo que tenía la presencia de Francos en el gabinete es que sus vínculos con China hacían ruido en la relación de dependencia política y financiera que se gestó con el gobierno de Donald Trump, después del salvataje por catástrofe electoral del 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires. Algunos mal intencionados ya le decían "el Chino Francos" al entonces jefe de Gabinete, quien casi todas las semanas tenía alguna delegación china esperando para ser recibida por él.

Si a eso se suma el encono personalísimo que tiene con Francos su ex compañero en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y hoy enviado especial de los Estados Unidos para América Latina, Mauricio Claver-Carone, el ingreso informal del gobierno estadounidense a la mesa de decisión del Gobierno era un gotero activado sobre el vaso rebalsado del desgastado Francos.

Control de ira para el Calabrés.

A Macri tuvo que llamarlo Cristian Ritondo el domingo, cuando se iba a oficializar la designación de Santilli como ministro del Interior. Unas horas antes, el sábado, había detonado la relación con Milei. Y dos días antes, el viernes, había sufrido en carne propia las facultades limitadas del Presidente para sostener vínculos medianamente razonables. Ese día, en Olivos, se fue apenas probadas las milanesas, al enterarse en la Quinta Presidencial que Milei había elegido a Adorni como reemplazo de Francos, de cuya salida se había anoticiado unas horas antes.

Ritondo le pidió que, al menos, no reacciona negativamente. Que estaban ganando un importante capital político, llave en mano. Santilli, que había hablado con el expresidente horas antes, ya estaba sentado a la mesa, para cenar con Milei. Macri aceptó el pedido y saludó amistosamente la elección del "Colorado", a quien definió como un "dirigente del PRO de gran experiencia". Aunque nada haya tenido que ver el partido amarillo en el ingreso de Santilli al gabinete.

El tándem de la "pata peronista".

La designación de Santilli fue celebrada por el universo de gobernadores que más ganas tiene de volver a un estado de situación más parecido a la de 2024 que a la de 2025. Hombre de gestión, juntar votos no es una tarea para nada novedosa para el ahora pelicorto Colorado: fue el primer trabajo que hizo para Macri, en la primera Legislatura porteña con el macrismo en el Gobierno de la Ciudad, antes de sumarse a la gestión.

Tenía un ladero Santilli en ese rol: Ritondo. Los dos eran -quedó lejos ya esto- la "pata peronista" del PRO. Las leyes en esa Legislatura, entre 2007 y 2009, las negociaban ellos dos con quien era el presidente de bloque del Frente para la Victoria, es decir, el kirchnerismo. Ese hombre era Diego Kravetz. Unos cuantos años más tarde, el reencuentro es con los tres trabajando para la misma persona.

La designación de Santilli es, internamente, un premio a Ritondo. Descartada la chance de asumir como presidente de la Cámara de Diputados, donde será reelecto Martín Menem, el presidente del ahora minoritario bloque de diputados del PRO juega hace más de 20 años en tándem con su amigo Diego. Ritondo fue la segunda persona a la que llamó para contarle que Milei le había ofrecido un cargo como ministro. La primera fue su mujer, Analía Maiorana.  

Tan asimilables son sus figuras que Ritondo estuvo en la danza de nombres para el cargo que dejaba Catalán, apenas a 51 días de haber jurado. Milei consultó con los otros dos vértices del Triángulo de Hierro y ambos coincidieron en que era más confiable Santilli.