Macri, entre la rendición y la amenaza del último clavo al cajón del PRO
19 de mayo de 2025 - 21.12
19 de mayo de 2025 - 21.12
No eran aún las 19 del domingo cuando alguien en el búnker explotó contra Leandro Santoro. "Otra vez segundo. Ni para esto sirve", se escuchó. En la sala privada que compartían los primos Macri y los principales candidatos y referentes del macrismo veían que La Libertad Avanza (LLA) ganaba en la Ciudad en la que no perdían una elección hacía más de 20 años y que tenían que modificar el discurso que tenían ya redactado. El tercer puesto del PRO lo tenían masticado, era costo hundido, pero creían que el experimento de Es ahora Buenos Aires (EABA) iba a ganar. Ese texto, basado en la necesidad de la unidad para ponerle un freno a la latente amenaza kirchnerista, ya no servía para nada. El manotazo de ahogado para mantener con vida al sello macrista de cara a la negociación en la provincia de Buenos Aires y a las elecciones nacionales de octubre se transformó en un cuadro de catástrofe y de subordinación total ante el presidente Javier Milei. La cotización del partido fundado por Mauricio Macri, el que lo llevó primero a gobernar la Ciudad y después el país, se derrumbaba con la velocidad de un alud.
La pelota, dicen en el Gobierno, la tiene Macri. Le auguran una única opción: volver de su viaje al exterior -que encaró rápido, con la derrota todavía tibia- con la bandera de rendición alzada, dispuesto a aceptar el pliego de condiciones que le pongan sobre la mesa a Karina Milei y Santiago Caputo, tratando de salvar lo que pueda de su partido. Dar el OK para cerrar en la provincia de Buenos Aires una adhesión a LLA, meter lo que pueda en la boleta violeta y buscar algún pacto de gobernabilidad que le dé aire a la gestión porteña de su primo Jorge, el otro gran derrotado del domingo. Tanto en el oficialismo como en el macrismo creen que Macri se quedó sin margen para dejarse traicionar por su temperamento.
Por las dudas, el Gobierno hace llegar advertencias al universo macrista. Si Macri no reconoce su condición de debilidad total, amenazan con sacar a la cancha a Patricia Bullrich en octubre, como candidata a senadora por la CABA, y que sea la ministra de Seguridad la que le clave el último clavo al cajón del partido que presidió hasta hace algunos meses. Al bullrichismo la opción lo entusiasma, ella tiene algunas dudas pero no lo rechaza y en los pisos de la Rosada donde se definen las cosas importantes la tienen en carpeta.
Si como se contó en estas columnas, la batalla más grande entre macristas y libertarios en la PBA era por la marca, por el sello, esa guerra puede haber encontrado su fin. Lo puso en palabras en su discurso triunfal Manuel Adorni. Dijo que la "herramienta" que eligió la gente para el cambio era LLA. "Dejen de lado el egoísmo y súmense a La Libertad Avanza", dijo. La autoría del concepto es de Caputo.
Macri se jugó el domingo las últimas fichas que tenía en el distrito en el que, entendía, tenía las condiciones menos malas para competir. Había aceptado a disgusto la decisión de su primo Jorge de desdoblar y adelantar las elecciones. Les fue pésimo. Por eso, si hasta el domingo la idea del ingeniero era negociar con Karina una alianza con un nombre nuevo en la provincia, que le permita mínimamente maquillar que su partido está siendo canibalizado por la ola libertaria, esa resistencia hoy se quedó sin armas. Ni argumentos.
Alguien muy cercano al presidente del PRO reconoce que la situación cambió. "Cristian (Ritondo) tiene mandato para hacer un acuerdo, no una rendición", dice la fuente. Pero reconoce que ahora no hay muchas posibilidades de dar la guerra por la marca. "Si (Diego) Santilli y Ritondo te dicen que ya no hay margen para discutir, no hay pelea para dar", cerró el consultado. Por lo pronto, dejarán pasar algunos días.
El desdoblamiento electoral que firmó el gobernador bonaerense Axel Kicillof le ofrece una salida al menos decorosa a Macri. En LLA no ven descabellado que la fantasía macrista de crear un sello nuevo, una alianza PRO-LLA en la provincia de Buenos Aires, pueda concretarse. Pero solo para las elecciones provinciales, las seccionales del 7 de septiembre. Es una idea que baraja Caputo y que la cada vez más pragmática Karina Milei tampoco descarta.
Según este plan, para el Gobierno es ridículo renunciar al sello libertario en las nacionales de octubre. Tienen a LLA medida en 35 puntos, solo la marca, y creciendo. Y creen que el PRO -o algo similar al PRO- jugando por afuera no les sacaría más de 4 o 5 puntos, teniendo en cuenta que los candidatos más taquilleros del macrismo tienen tres cuartos de su cuerpo ya pintado de violeta. Pero la cosa cambia en las elecciones seccionales. "Al no tener una figura fuerte que traccione, pesa más lo territorial", explican. Y ahí el PRO tiene intendentes y activos con mucho kilometraje ya recorrido. "Nosotros no tenemos cuadros en las ocho secciones -admiten-. El PRO sí los tiene."
Los colaboradores que trabajan con Bullrich desde hace más de veinte años la miden permanentemente. La ministra tiene una obsesión con tener fresco el pulso de la calle con su figura. La última encuesta la encontró arriba de 40 puntos en la CABA. O eso dicen esos mismos colaboradores. La expresidenta del PRO es un activo electoral fuerte en la Ciudad. Milei lo sabe. Su hermana y su asesor estrella, también. Macri, más que nadie: él mismo la hacía medir cuando compartían partido y gobierno.
Un dirigente que camina el día a día de Bullrich dice que su candidatura dependerá más de Macri que de ella misma. "Si Mauricio recapacita y se alínea, es una cosa; si no, vamos a salir a hacerlo mierda", graficó con un alto grado de desprecio. La ejecución de ese plan sería con Bullrich compitiendo como candidata a senadora en la Ciudad. En el primer círculo presidencial admiten que esa carta está en el mazo, que estuvo siempre, y que se puede jugar. También reconocen que sería "caro" perderla como ministra.
En los cálculos de los más entusiastas con esta posibilidad, no hay figura con mejores condiciones para aglutinar el voto del PRO y LLA que Bullrich. Le dejaría, a su vez, dos caminos abiertos. Uno, radicalizar su perfil porteño y buscar la Jefatura de Gobierno en 2027; el otro, transformarse en la jefa del Senado, borrar del mapa ese dolor de cabeza llamado Victoria Villarruel y reemplazarla en la fórmula presidencial dentro de dos años. Para todo eso, todavía falta mucho. Muchísimo.
Un dirigente enemistado desde hace tiempo con Macri y que ya tributa en las fuerzas del cielo muestra un posteo en X que dice: "Milei les ofreció el retiro voluntario pero eligieron ir por la jubilación". Llegó a su timeline porque lo replicó el propio Presidente. Lo lee, se ríe y dice: "El que quiera sumarse al proyecto, lo hará en contexto de subordinación. No en esa lógica coalicionista que quería Macri". Envalentonado por el triunfo, redondea: "Como hizo el propio Macri con los radicales y la Coalición Cívica cuando fue presidente".
Este dirigente, como muchos otros, empezó a hacer cálculos. Si el PRO, en su bastión, siendo gobierno, con el mismísimo Macri al frente de la campaña, sacó 15 puntos en la Ciudad, ¿cuánto sacaría jugando solo en Río Negro? ¿O en Salta? ¿Cómo van a negociar los referentes del macrismo en las provincias para no ser devorados por LLA? Esta misma pregunta se la están haciendo ahora muchos dirigentes, pero en la provincia de Buenos Aires.
A esa pregunta la cierra un número: 8,33. Es el porcentaje que se necesita obtener en los municipios más grandes para conseguir una banca en el Concejo Deliberante -renuevan 12 sobre 24 concejales-. El que saque menos de eso, no entra. Habrá distritos en los que el PRO no tendrá problemas en llegar a ese piso. En otros, probablemente sí los tenga. Ahí es donde, creen, LLA tiene que ir a morder. "Tenés más chances si te pintás de violeta y vas tercero en una lista que aspira a superar los 25 puntos, que quedarte en un partido que no va a llegar a seis", calculan. Habrá mucha calculadora en juego para el cierre de listas en los 135 municipios bonaerenses. Esas horas, minutos, en los que el instinto de supervivencia puede pesar más que cualquier pertenencia o lealtad partidaria.